miércoles, 17 de marzo de 2010

¿ QUÉ ES UN /UNA WIKI ?

Una wiki es una página web que se caracteriza por permitir la edición colaborativa, es decir, es construida de forma conjunta por varios autores a través de sus navegadores web. Sus entradas están en permanente revisión y abiertas a un grupo de de usuarios/autores que puede ser más o menos amplio. Las wikis cuentan con una serie de funcionalidades que las convierten en herramientas seguras y fáciles de gestionar. Los usuarios se pueden auto-registrar, aunque la wiki puede estar limitada sólo a un grupo concreto. Las entradas tienen un historial de cambios donde se puede consultar (y deshacer) las modificaciones realizadas por los distintos usuarios.

Meredith Farkas, una de las personas que más ha estudiado las wikis y su aplicación a las unidades de información considera a las wikis como una herramienta absolutamente democrática porque
“como cada usuario puede añadir o editar el contenido elaborado por otro. El resultado final, en teoría, representa un cierto consenso entre la comunidad”

Los elementos más corrientes en una wiki son:

• Artículos o entradas: constituyen las páginas del contenido principal.

• Módulo de edición para modificar el contenido del artículo.

• Páginas de discusión, para el intercambio de opiniones sobre los artículos entre los miembros de la comunidad.

• Historial de cambios que permite ver y deshacer los cambios realizados a la entrada de la wiki.

• Motor de búsqueda en su contenido.

Sin duda la wiki más famosa es la Wikipedia , una enciclopedia libre, abierta y global donde los lectores pueden añadir entradas, modificarlas o ampliarlas, lo cual ha convertido a la Wikipedia en una de las fuentes de referencia más importantes. Según sus propios datos cuenta con más de 10 millones de artículos y ediciones en 253.idiomas. La Wikipedia en castellano tiene a fecha de hoy (julio de 2008) más de 390.000 artículos y aproximadamente
20 millones de visitas al día.

Las wikis en los centros de enseñanza

La wiki es una herramienta con muchas posibilidades en bibliotecas y centros educativos.
Su utilización es menor que los blogs, pero es una herramienta que permite participar a los usuarios en la elaboración de contenidos.

La utilización de las wikis gira en torno a cuatro ejes fundamentales:

1. Uso interno

Su flexibilidad en la publicación por parte de varios autores y el control de versiones la convierten en una buena herramienta para intranets.

2. Elaboración de guías de recursos.

Se puede ofrecer a sus usuarios selecciones de recursos web comentadas.

Las wikis permiten ofrecer este servicio de una forma más eficiente, ya que ahora la edición ya no tiene que recaer sólo en una persona, se puede abrir a un grupo más amplio y se puede utilizar los foros de discusión para que los usuarios aporten sus comentarios y opiniones.

3. Elaboración de manuales

Los continuos cambios en las interfaces, con mejoras sobre su presentación y funcionalidades ha convertido a edición de manuales de usuario en una tarea complicada.


Cómo crear un wiki

Al igual que ha sucedido con los blogs, para crear un wiki lo más sencillo consiste en recurrir a sistemas automáticos que guían al usuario y simplifican enormemente el proceso. Éste es el camino más indicado para usuarios sin mucha experiencia con el formato.

(En este ENLACE existe un tutorial para crear un wiki en wikispaces)




Un ejemplo: Gure Lekua un wiki de niños de 5º de primaria.

Fuente: Los Wikis

LOS PRIMEROS SUSPENSOS



Psicólogos y educadores aseguran que una nota baja no es más que un dato que debe servir para intentar mejorar.

¿Cómo interpretar los primeros suspensos? ¿Cómo deben actuar los padres y madres? Los psicólogos explican que la forma de que los jóvenes afronten los primeros suspensos dependerá, sobre todo, de cómo lo acepten sus padres y profesores. De los errores se aprende y las malas notas únicamente son un indicativo de que algo no funciona bien. Lo más aconsejable es desterrar la sensación de fracaso, hablar con el alumno, reunirse con el profesor y aplicar todos los métodos existentes para mejorar el proceso de aprendizaje y ayudarle a superar las pruebas establecidas.

Afrontar la realidad en positivo

En los sistemas educativos modernos no hay un registro de suspensos, además hay muy pocos estudios sobre este hecho que acontece alguna vez en la vida de casi todos los estudiantes. A los 5 ó 6 años ya empiezan a darse cuenta de que saben menos que los demás, de que se equivocan más y de que los otros compañeros y compañeras pueden llegar a reírse de sus respuestas.

En cualquier caso, una nota baja es simplemente un dato que debe servir para intentar mejorar. "Hay que tenerla en cuenta porque pone de manifiesto que existe una dificultad, pero lo realmente importante es el proceso de aprendizaje". Este proceso es muy complejo; abarca múltiples aspectos, emocionales y afectivos, si el niño es aplicado, si trabaja, si hace los deberes etc. Y es diferente si las expectativas de padres y profesores se ajustan a sus "posibilidades reales". Por tanto, la forma de 'encajar' uno o varios suspensos depende de cómo se aborde en la familia y en el propio colegio ese proceso de aprendizaje.

Es un hecho que debe afrontarse positivamente:

• Las expectativas deben ajustarse a las posibilidades reales: la familia, los profesores y el propio estudiante deben evitar prejuicios, aunque han de ser conscientes de ciertas cuestiones. El propio auto-convencimiento de que uno mismo puede aprobar termina influyendo de forma decisiva en la superación de una asignatura. Pero, por ejemplo, si un niño tiene una dificultad lectora no deberá importar que suspenda reiteradamente Lengua, porque terminará aprobando si participa en un programa de reeducación bien diseñado.

• Los adultos y el alumno deben asumir su parte de responsabilidad. Así, si el niño llega sistemáticamente tarde al colegio porque sus padres no le despiertan a tiempo no puede decirse que le estén motivando (de manera que no se tomará su trabajo muy en serio), o si es la gran mayoría de la clase la que ha suspendido puede que el profesor tal vez no haya conseguido enseñar bien la materia.


• Es importante hacer una reflexión para saber en qué se ha fallado y solventar el problema. El alumno debe revisar, por un lado, el examen con el profesor para analizar los errores. Por otro, en el aspecto emocional, es importante que educadores y familiares analicen si el estudiante está desmotivado por alguna circunstancia, si se trata de algo pasajero... si está triste o excitado por alguna razón como la separación de sus padres, la muerte del perro o el nacimiento de un hermanito.

• Si los suspensos son reiterados y se aprecia con claridad que el alumno no adquiere con soltura los conocimientos que aprenden casi todos sus compañeros y compañeras, es necesario hablar con el estudiante y tomar algunas decisiones:

o Reunirse con el tutor o con el profesor para intercambiar impresiones y analizar la situación. Durante algún tiempo tal vez haya que hacerlo con cierta asiduidad, porque el profesor marcará pautas semanales.

o Solicitar al equipo de orientación del colegio que evalúe el caso para articular los apoyos necesarios.

o Si los medios del colegio no son suficientes, buscar alternativas de ayuda profesional.

Aprobar y/o aprender

Los familiares que rodean al alumno, sus hermanos y hermanas, los amigos son determinantes en la actitud y la disposición de la persona que ha suspendido. Por esta razón, cuando el entorno del alumno concede más importancia al hecho de aprobar que al de aprender, puede ocurrir que el estudiante comience a sentirse un fracasado.

Puede considerarse que los primeros suspensos se producen en 1º de Primaria, cuando los niños tienen 6 años. Los niños sufren por pequeños que sean, a causa del primer o primeros suspensos. "Rápidamente perciben que quedan excluidos, se ven distintos.

Si el retraso es importante y deben repetir curso interpretan que el sistema los expulsa, mientras ellos necesitan a sus amigos".

La normativa educativa actual permite repetir curso una vez en el ciclo primero . "Esta medida suele adoptarse con cautela por parte de los educadores y no debe ser tomada como un rechazo, sino como una herramienta de atención específica”.

El cociente intelectual

Más del 75% de las personas tienen un cociente intelectual normal (CI). La media se establece en 100 y, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), quienes pasan de 130 son superdotados y aquellos cuyo CI es inferior a 80 se consideran infradotados. Entre el 84 y el 90 se hallan "los niños límite", a los que les falta sólo un poco de apoyo para poder seguir el ritmo de los demás.

El CI es la cifra que resulta de la realización de un test estandarizado concebido para medir las habilidades cognitivas en relación con un grupo de edad. Así, la inteligencia relativa se determina dividiendo la edad mental por la edad física.

Lo fundamental no es aprender y aprobar conceptos y materias, sino preparar nuestras capacidades intelectivas para poder adquirir todo tipo de conocimientos.
"Todos podemos aprender, aunque es cierto que no todo el mundo es capaz de licenciarse en Ingeniería. Lo que hay que averiguar es qué interesa más a cada persona, cuál es su ritmo de trabajo y a partir de ahí esforzarse". El estudiante debe ilusionarse por lo que hace y el profesor tiene mucha responsabilidad a la hora de "implicarle" y transmitir esa ilusión.

Las fuentes consultadas insisten en desmontar el tópico de que sólo suspenden los chicos más torpes o los vagos. Los inteligentes también "catean", incluso aquellos que están muy por encima de la media, porque pueden desarrollar el llamado síndrome de Pigmalión en negativo (niños que limitan sus avances con el propósito de integrarse).

jueves, 11 de marzo de 2010

LA GELOTOFOBIA


Reírse no siempre tiene gracia

Sentirse ridiculizado de forma repetida durante la infancia o la adolescencia es una de las principales causas que originan el miedo a la risa ajena.

Reírse es saludable, pero que se rían de uno no lo es tanto. Y menos gracia les hace a quienes sufren de una especial sensibilidad al ridículo motivado por las risas ajenas. El problema es que consideran que cualquier risa o carcajada que se escuche en su entorno está relacionada con ellas, hasta el punto de que la situación puede provocar síntomas propios de un ataque de ansiedad: sudoración, mareo y temblores.

Bajo el vocablo griego de Gelotofobia (gelos significa risa y fobos miedo), la fobia se activa en cuanto la persona afectada escucha a otra persona reírse. Es entonces cuando asocian esta reacción con su personalidad y nace la sensación de que han dicho o hecho algo ridículo, de manera que consideran el fenómeno como un ataque personal. Este trastorno afecta principalmente a personas jóvenes que viven una etapa delicada -la adolescencia- con tendencia a sufrir inseguridad, timidez, y miedo al rechazo. La consecuencia es que estas sensaciones se mantienen en el tiempo y se exageran hasta generar terror a mantener relaciones sociales y al contacto con desconocidos. La inseguridad generada por esta fobia contribuye a que la persona se aísle socialmente e, incluso, sufra depresión.

Complejo de inferioridad

La gelotofobia se cataloga además como un fenómeno específico de la vergüenza, que se experimenta en fases tempranas (prelingüística) de la socialización. La causa general del miedo a la risa ajena se identifica con repetidas vivencias traumáticas, en referencia a la sensación de "haber hecho el ridículo" o "haber sido ridiculizado" durante la infancia o la adolescencia. Durante estas etapas de la vida los jóvenes están formando aún su personalidad, de ahí que se encuentren en una fase muy sensible a cualquier reacción de los demás ante sus actos. Desarrollan su identidad a partir de las relaciones que establecen, y las malas experiencias pueden marcar una huella importante difícil de borrar.

Por este motivo, y porque la fobia se debe sobre todo a momentos vividos durante la infancia, los progenitores deben prestar especial atención a determinados comportamientos. Privar de atención, cariño o burlarse de los pequeños de modo sarcástico puede llevar a experimentar sentimientos de vergüenza e inferioridad. El sarcasmo es un medio poderoso para castigar o controlar el comportamiento, pero hay menores que son objeto de mofa o ridículo de forma constante, por ello desarrollan un comportamiento defensivo y tímido. La falta de atención hacia los más pequeños afecta de la misma manera, ya que no perciben si sus actuaciones son correctas o no, y se genera inseguridad ante cualquier iniciativa social en etapas posteriores por no haber aprendido lo más apropiado de sus conductas sociales. Se impide el desarrollo de habilidades sociales por desconocimiento. Humillar, ridiculizar y desinteresarse por los intentos de aprendizaje social de los niños y adolescentes acaba por generar una excesiva atención a la reacción de los demás. Por este motivo, las risas ajenas son tan importantes. Incluso se pueden desarrollar sentimientos de autorreferencia, vinculados a la gelotofobia. Se trata de pensar que la persona es el centro de atención y que todos están pendientes de ella, angustiándose ante cualquier situación social.

Una familia demasiado cerrada también puede dificultar la socialización de sus hijos, y como en estos casos la integración en su entorno no se hace de forma natural y libre, es habitual que se generen situaciones difíciles en el proceso de adaptación social. Estas dificultades se reflejan con momentos de estrés cuando se ven obligados a relacionarse y se manifiestan en forma de torpeza, tensión y comportamiento ridículo por la propia ansiedad del momento. En este contexto, una de las principales formas de cohesión y de exclusión en grupos de jóvenes es la risa. De la misma forma que une a la mayoría, puede disgregar a otros. En la adolescencia, la presión del grupo es muy importante. El grupo social marca unas normas de comportamiento, estilo de moda, forma de hablar, de música... por lo que muchos jóvenes se encuentran presionados por seguir estas tendencias, concientes de que si no lo hacen, corren el riesgo de ser ridiculizados y de que el resto del grupo se ría de ellos e, incluso, les expulsen. Un joven demasiado sensible al ridículo no se encuentra relajado ante las bromas de sus compañeros, no se ríe con ellos porque se mantiene a la defensiva, lo que hace que de manera automática aumenten las probabilidades de que el grupo le rechace.

En situaciones extremas, cuando ya no es un miedo irreal sino una realidad, y el grupo encuentra el gusto por reírse constantemente de alguien ya no se habla de gelotofobia sino de bullying. Este acoso no hace más que agravar la situación, con el riesgo de generar un estado traumático de larga duración para la víctima que puede desarrollar hasta pensamientos de tipo paranoico en la vida adulta, manifestados por una exagerada desconfianza hacia los demás.

Consejos para evitar la aparición de la gelotofobia
  • Tanto padres como educadores deben evitar ridiculizar al niño o joven. Los errores infantiles no deben ser castigados con la humillación.
  • No utilizar la burla sarcástica ni la mofa para controlar un comportamiento no conforme. Hay que desechar otros métodos para avergonzar al niño como privación de cariño o de atención, o una vigilancia excesiva.
  • No juzgar de forma autoritaria una conducta o comentario; es mejor opinar y dar las razones por las se piensa de forma diferente para que la persona lo comprenda.
  • No comparar con otros, es mucho más efectivo poner ejemplos de conductas deseadas. Poner a otras personas como modelo podría hacer disminuir la autoestima.
  • Colocar "etiquetas" afecta mucho a los jóvenes, que están desarrollando su identidad. Hay que evitar frases del tipo: "es que eres..." con connotaciones negativas, ya que eso pueden incorporarlo a su autoconcepto fácilmente.
  • Si aparecen situaciones hilarantes, es importante que no se menosprecie a la persona. Intentar reírse "con ella", nunca "de ella".
  • Educar a los jóvenes a tolerar la sensación de ridículo. Aprender a ser autocrítico con uno mismo para mejorar, nunca para menospreciarse.
  • Enseñar a reírse de uno mismo es un aprendizaje sano que relaja a la persona en situaciones sociales.

viernes, 5 de marzo de 2010

CONTROLA TU GENIO



Todo el mundo se enfada de vez en cuando. Enfadarse, de hecho, no soluciona gran cosa –lo importante es qué hace la gente cuando se enfada. Lo deseable es calmarse e intentar solucionar el problema que ha motivado el enfado. Es algo que les resulta muy difícil a algunos niños (y también a algunos adultos). En vez de tranquilizarse, ¡algunos niños se enfadan cada vez más hasta que explotan como un volcán!

Algunos niños se enfadan con mucha más facilidad que otros. A veces se enfadan tanto que pierden el control, comportándose de formas que son inaceptables y pueden hacer daño a otras personas o a sí mismos.

La gente suele decir de esos niños que tienen genio o mal genio, que es una forma de decir que se enfadan fácilmente y pierden el control. Cuando la gente dice que un niño tiene problemas para controlar su genio, suelen referirse a que se porta mal cuando está enfadado o frustrado.

Algunos niños se enfadan tanto que chillan a sus padres, dan puñetazos contra la pared, dan portazos, rompen cosas o –todavía peor- pegan a sus hermanos. Los niños tienen derecho a expresar sus sentimientos, incluso los de enfado, pero no está bien que un niño haga cualquiera de las cosas que acabamos de mencionar. La mayoría de niños no quieren comportarse de ese modo –pero a veces resulta difícil controlar el enfado. Entonces, ¿qué puedes hacer si eres un niño explosivo y tu genio te está haciendo meterte en problemas?

¡Buf! ¡Prueba esto!

La buena noticia es que los niños no tienen que seguir cometiendo los mismos errores una y otra vez. Puedes amaestrar tu genio del mismo modo en que puedes amaestrar a un cachorro de perro. ¿Has oído bien? Sí, hemos dicho un cachorro de perro.

Si has jugado alguna vez con cachorritos de perro, sabrás que son muy dulces pero están un poco fuera de control. No dejan de mover la cola de un lado a otro y de mordisquearlo todo, pudiéndote romper las zapatillas de deporte. ¡Santo Dios! ¿Qué puedes hacer con un cachorrito descontrolado? Amaestrarlo es la respuesta.

Del mismo modo que se puede amaestrar a un cachorro, tú puedes amaestrar tu genio. Imagínate a tu genio como un cachorrito que tienes dentro que necesita ser amaestrado. El cachorrito no es malo –probablemente se acabará convirtiendo en un perro encantador. Solo necesita aprender algunas reglas porque, por ahora, el dichoso cachorrito te está ocasionando algunos problemas.

No quieres seguir metiéndote en problemas por la forma que tienes de comportarte cuando te enfadas. Probablemente, cuando hieres los sentimientos de alguien o rompes un juguete que te gustaba en un ataque de rabia, te sabe mal. O sea que ya va siendo hora de amaestrar a ese cachorrito.

He aquí los pasos que puede seguir en cualquier momento, incluso cuando no estés enfadado.

Haz mucho ejercicio físico. Juega al aire libre. Practica tu deporte favorito. El kárate o la lucha libre pueden ser adecuados para los niños que quieren dominar su genio. Pero cualquier actividad que te haga bombear el corazón puede irte bien porque es una forma de quemar energía y estrés. ¡Da gusto dar puntapiés a una pelota de fútbol!

Habla con tu madre o con tu padre. Si estás teniendo problemas para controlar tu genio, el momento para hablar sobre ello es antes de que tengas otro arranque de genio. Diles a tus padres que estás intentando controlarte. Pídeles ayuda y diles qué te den ideas sobre cómo puedes controlarte mejor. Tal vez, si consigues estar una semana entera sin tener una explosión, podrían concederte un privilegio, como llevarte a algún sitio adonde te gusta ir. Hazles saber que, si te enfadas mucho, les pedirás ayuda.

Expresa tus sentimientos con palabras. Adquiere el hábito de decir lo que sientes y por qué. Diles a tus padres: "Me enfado cuando me pedís que deje de jugar para sacar la basura. No me gusta sacar la basura". Probablemente tus padres te contestarán (amablemente): "Ya lo sé –a nadie le gusta sacar la basura. Pero te toca a ti y debes hacerlo de todos modos". O se que el hecho de expresar lo que piensas con palabras no te evitará sacar la basura (¡Lo sentimos!), pero tal vez te impida cerrar la puerta de un portazo, tener un arranque de rabia por tener que bajar la basura o hacer cualquier otra cosa que podría meterte en problemas.
 El hecho de usar palabras para expresar lo que se siente ayuda a la gente a controlar las emociones fuertes y su comportamiento.

Asume el control. ¿Quién es el que tiene la sartén por el mango ¿tú o ese cachorrito salvaje? Toma la decisión de que quieres ser tú quien va a asumir el control. No permitas que el enfado te haga hacer cosas que no quieres hacer.

La prueba de fuego te llegará la próxima vez que te enfades tanto que estés apunto de explotar. Pero no explotes. Ponle una correa al cachorro y sigue estos cuatro pasos:

1. Desconecta de la situación. Si estás discutiendo con alguien, vete a otra parte de la casa. Tu habitación o el patio trasero son buenas elecciones. Limítate a decir: "Quiero estar a solas durante un rato para ver si me calmo".

2. Retírate a tu habitación. Si estás enfadado y crees que necesita hacer una pausa para estar a solas a fin de tranquilizarte, no esperes a que uno de tus padres te mande a tu habitación, ve tú mismo y tómate tu tiempo para calmarte. Informa a los demás miembros de la familia de que, cuando te retiras a tu habitación, deben respetar tu espacio y dejarte solo para que puedas tranquilizarte. Para un niño lo bastante mayor como para irse solo a su habitación esto no es ningún castigo sino una forma de tranquilizarse. Mientras estés sentado en tu silla, prueba este ejercicio para calmarte: coloca las manos debajo el asiento y empuja arriba mientras cuentas hasta 5. Seguidamente estira los brazos por encima de la cabeza. Haz una inspiración lenta y profunda y luego suelta el aire.

3. Exterioriza el enfado. No te pedimos que des puñetazos contra la pared (ni siquiera que los des contra una almohada), ¿pero por qué no saltar o bailar por tu habitación mientras escuchas tu música favorita? Si estás al aire libre, corre o haz volteretas laterales por el césped. También puedes coger un bolígrafo y escribirlo todo. ¿Qué es lo que te ha molestado tanto? Sigue escribiendo hasta que lo hayas explicado todo. Si no te gusta escribir, puedes hacer un dibujo que te ayude a expresar tus sentimientos. Utiliza colores fuertes y líneas recias para expresar la intensidad de tus emociones. También puedes probar el ejercicio de “sé como un volcán”.

4. Aprende a cambiar. Tendrás que esforzarte mucho para conseguirlo. Es aquí donde entra en juego el amaestramiento del cachorrito que llevas dentro. La idea es cambiar de un estado de ánimo realmente alterado a otro más controlado. Después de exteriorizar el enfado, empieza a pensar en otras cosas. A veces, cuando una persona se enfada, no puede pensar con claridad. Está furiosa, completamente dominada por la rabia, y los sentimientos de enfado ocupan todo su espacio mental. Una persona hasta puede decirse cosas como "Soy imbécil. ¡He vuelto a perder los estribos!". Pero también puedes sustituir esos pensamientos por otros más positivos. Por ejemplo, te puedes decir: "He perdido los estribos, pero a partir de ahora voy a controlarme". En vez de pensar en la persona o situación que te ha provocado el enfado, piensa en otra cosa, a ser posible en algo que te ponga de mejor humor.

Una pregunta de difícil respuesta

¿Y si un problema no se puede resolver, como estar enfadado porque tus padres se van a divorciar, porque vas a tener que ir a una escuela de verano o porque te gustaría acostarte más tarde? ¿Y si no puedes salirte con la tuya? Algunos niños se enfadan por cosas que no se pueden cambiar. Por ejemplo, si tu madre te dice que es hora de dejar de jugar con la videoconsola y de acostarse, ¿qué puedes hacer? Ella no va a cambiar de parecer y tú tendrás que acostarte. ¡Menudo fastidio! ¡Casi habías llegado al nivel 4!

Pero, por mucho que te enfades, ella no dará su brazo a torcer. Y, aunque tires la silla al suelo, tendrás que dejar de jugar con la videoconsola. Pero, si pierdes los estribos, tal vez te ganes un castigo adicional por tirar al suelo la silla. ¡Tal vez tu madre te castigue a no jugar con la videoconsola mañana! Eso sería mucho peor pues tendrías que esperar todavía más para llegar al nivel 4.

A pesar de que es una de las cosas que más cuesta aprender, tal vez sería mejor que te dijeras a ti mismo: "Está bien, voy a dejar de jugar para meterme en la cama". En algunas discusiones podrás salirte con la tuya, pero probablemente esta no sea una de ellas.

Esto no significa que nunca puedas salirte con la tuya. A veces podrás salirte con la tuya. Los niños mayores, como tú, pueden aprender a defender sus puntos de vista con calma, sin peder los estribos. Este enfoque suele dar mejores resultados con todo el mundo, sobre todo con los padres. Cuando lo hagas, significará que has aprendido a controlar a ese cachorrito que llevas dentro. Tú eres quien lleva la sartén por el mango en vez de ese granujilla que no para de mover la cola.

¿Te habías preguntado por qué te hemos pedido que compares tu genio con un cachorrito? Un cachorrito es joven y adorable –exactamente igual que tú- y un encanto con quien compartir el tiempo, ¡sobre todo cuando es capaz de dominar su genio!

jueves, 4 de marzo de 2010

COMO SER UN BUEN JUGADOR


"¡No es justo!"


"’¡Hiciste trampa!"


"¡No fue culpa mía que perdiéramos!"

¿Alguna vez has jugado en un equipo con alguien que odiara perder? o quizás a ti también te cuesta trabajo perder en cualquier situación. A algunos niños(as) les cuesta mucho trabajo perder, pero todas las personas necesitan aprender cómo hacerlo. Aprender a perder sin perder la calma es una habilidad, algo parecido a aprender a montar bicicleta. Puede que no seas capaz de hacerlo al principio, pero con el tiempo será más fácil. Y cuando sepas cómo perder con gracia, las personas te considerarán un buen jugador.


¿Por qué es bueno saber perder?

Todas las personas quieren ganar. Pero cada vez que dos equipos o que hay dos niños(as) enfrentándose mutuamente en un juego o un concurso, alguien tiene que perder (salvo que haya un empate). Los niños(as) pierden en pequeños asuntos, como por ejemplo, en un juego de ajedrez, pero puede que también pierdan en situaciones más relevantes, como por ejemplo cuando su equipo pierde un juego de campeonato.
Perder puede desanimar, por ello no es sorprendente que a los niños(as) no les guste perder. A los adultos tampoco, pero todas las personas pueden aprender a controlar cómo reaccionan cuando pierden. En otras palabras, ¿Qué debes hacer cuando pierdes?


La parte más complicada es que algunas veces puede que reacciones antes de que te des cuenta de ello. Por ejemplo, es la última salida de tu juego de pequeña liga y de repente te das cuenta de que el equipo contrario ganó. Los ves a todos celebrando en el centro del campo y tu comienzas a llorar. Lo más probable es que no quieras llorar en ese momento aunque es normal que te sientas triste.


Lo importante es saber qué es lo que debes hacer después de ese momento. ¿Debes correr al encuentro del otro equipo y acusarlos de que han hecho trampa? ¡No! Lo mejor que puedes hacer es actuar de forma calmada y reunirte con los jugadores de tu equipo para ir a felicitar al otro equipo. Puede que hayas visto a jugadores de la pequeña liga comportarse de este modo. Cada equipo se pone en fila, caminando muy cerca los unos de los otros, felicitándose dándose palmadas con las manos en alto y diciendo "buen partido”.


Puede que el equipo perdedor no sienta que fue un buen juego en realidad, pero esta tradición es una forma de enseñar a todas las personas como ser un buen jugador. Si tienes ganas de llorar después o si quieres quejarte del juego, puedes hacerlo- pero lo mejor es hacerlo fuera del campo de juego, cuando hayas tenido tiempo para calmarte. Después de que haya pasado algún tiempo, puede que no te sientas tan enfadado como en el momento en el que el juego terminó.

Perdiendo a solas


Algunas veces los niños(as) pierden cuando juegan solos, como cuando juegan baloncesto en el vecindario. Estas situaciones pueden ser muy difíciles si no hay adultos alrededor que puedan actuar como árbitros. Luego es cuestión de que los niños(as) decidan entre ellos si una jugada contó como una cesta o una falta. Está bien que los niños(as) aprendan a jugar sin adultos para que puedan tomar decisiones pero también puede dar origen a discusiones. Cada niño(a) quiere que su equipo gane y puede reaccionar intensamente si sus planes no salen como lo esperaba.

¿Cómo resolver estos desacuerdos? Lo mejor es cuando todos tratan de ser justos. Algunos niños(as) todavía hacen trampa o sobrepasan las reglas, pero tú puedes poner de tu parte para ser justo. Eso puede que signifique dar al equipo contrario el beneficio de la duda. Puede que piensen que una cesta no debía contar y el otro equipo decide lo contrario. Positivamente, podemos esperar que el otro equipo sea bueno a la hora de saber perder, cuando no sabemos el comportamiento que tú tomarás en este sentido. Incluso si el otro equipo no es un buen perdedor, tú no podrás ser acusado de haber hecho trampa o haber jugado injustamente. Tú has hecho de tu parte para traer buena actitud y camaradería al juego.
Los niños(as) que son buenos jugadores – y que no se alteran cuando pierden un juego – serán niños(as) con quienes dará gusto jugar. Los niños(as) puede que no estén dispuestos a jugar con una persona que esté enfadada todo el tiempo y que no dé un respiro al niño o niña con quien esté peleando.

10 formas de ser un buen jugador

1. Compórtate de forma educada con los miembros del equipo contrario. No hables de forma irrespetuosa gritando en el medio del juego de forma que pueda molestar.


2. No hagas esfuerzos para lucirte. Simplemente juega de la mejor manera posible. Si eres bueno(a), la gente se dará cuenta.


3. Dile a los jugadores del equipo contrario "¡buen juego!" independientemente de que hayas ganado o perdido.


4. Aprende las reglas del juego. Llega a los juegos y a las prácticas a tiempo – incluso si no eres la estrella del equipo.


5. Escucha a tus entrenadores y sigue sus consejos sobre cómo jugar.


6. No discutas con los árbitros si no estás de acuerdo con una llamada determinada. Si no entiendes una de las llamadas del juego, espera hasta el final del juego para pedirle a tu entrenador o al árbitro que te lo explique.


7. No inventes excusas o culpes a un compañero(a) sobre tu pérdida. Intenta aprender de lo ocurrido.


8. Prepárate a sentarte en el resguardo para que otros jugadores puedan participar – incluso si piensas que eres un buen jugador.


9. Juega con justicia y no hagas trampa.


10. Motiva a tus compañeros(as), ¡incluso si la puntuación es 20-1! ¡Puede resultar un final triunfal!


martes, 2 de marzo de 2010

Adolescentes que pegan a sus padres

La Fiscalía General del Estado alerta de un "preocupante" incremento de casos de violencia doméstica ejercida por los hijos adolescentes sobre sus progenitores, asegurando que en estas infracciones no hay distinción de clases sociales y, en su mayoría, los jóvenes que las cometen son reincidentes.

Una cosa es leer esta noticia en la prensa y otra, muy distinta, oírla en boca de una madre a la que tu conoces de una hija maltratadora a la que tú, también conoces.

No puedo ocultar el impacto tan tremendo que semejante noticia tiene y a la vez, no dejas de preguntarte cómo se puede llegar a tan exagerado extremo.

Pegar al padre parece que en algunos casos ya no es algo inconcebible e inaudito, el acto monstruoso que viola el mandamiento del “honrarás a tu padre y a tu madre”. Niños y adolescentes han empezado a levantar la mano a sus progenitores (a su madre preferentemente) y, en muy poco tiempo, el delito de maltrato a los padres, antes irrelevante a efectos estadísticos, ha adquirido visos de epidemia.

LA DENUNCIA, HUMILLACIÓN PARA LOS PADRES

“Cuando los padres denuncian es porque han llegado a una situación límite. Se sienten doblemente avergonzados por tener que pedir que se actúe contra sus hijos y porque la denuncia misma les parece la constatación de un fracaso”, indica Consuelo Madrigal, fiscal de Menores del Tribunal Supremo. Las estadísticas constatan, asimismo, un espectacular incremento de chicas que pegan a sus madres y también chicas que pegan a otras chicas. “En el maltrato a los padres, los géneros están ya casi a la par, cuando hace pocos años ése era un delito abrumadoramente masculino”.

Otro dato de preocupación añadida es que los maltratadores adolescentes reproducen fatalmente el modelo machista, por mucho que hayan estudiado en colegios mixtos y se les suponga aleccionados en los valores de la libertad y la igualdad. La gran mayoría de estos chavales, de edades entre los 14 y los 18 años -en la legislación española, los menores de 14 años no pueden ser imputados, cometan el delito que cometan-, pasan por jóvenes normales y poco conflictivos. De hecho, por lo general, no cometen más delitos que sojuzgar, vejar y pegar a sus padres... y a sus novias.

CLASES MEDIAS

Como ocurre con la violencia de género, el maltrato a los padres atraviesa todas las estructuras sociales, aunque, en este caso, se concentre, especialmente, en los hogares de las clases medias.

Se equivocan, pues, quienes piensan en niños surgidos de la marginación social, pero aciertan quienes ven en las familias desestructuradas un factor de riesgo. “Algunos de estos chicos han sido testigos de malos tratos conyugales o han padecido directamente las agresiones paternas.

Pero, la pregunta del porqué de este estallido sigue en pie, admitida la transmisión intergeneracional de traumas y conductas y establecido que la familia es, a veces, la primera patología a tratar. ¿Qué está pasando para que niños y adolescentes que antes se fugaban del hogar opten por quedarse en casa a tiranizar a sus progenitores? ¿Y para que los padres que antes expulsaban del hogar a sus hijos díscolos o depravados ocupen hoy el papel de víctimas? La respuesta prácticamente unánime de los encargados de encauzar la violencia de los menores es que hemos sustituido el modelo autoritario del “ordeno y mando” por una práctica permisiva y sin límites, igualmente nefasta a efectos educativos.

PADRES SIN AUTORIDAD

“El principio de autoridad se ha debilitado y ni la sociedad ni la familia han sabido establecer otros valores y límites. Las agresiones a los padres y la violencia de género aumentan porque nos estamos equivocando gravemente en la educación”, advierten los expertos. “La mayoría de los menores delincuentes surgen en un modelo permisivo e indulgente que genera niños individualistas y hedonistas, incapaces de aceptar la frustración”.

“Como el modelo autoritario de familia no ha sido sustituido por un modelo alternativo verdaderamente educativo, muchos padres no saben qué deben hacer con sus hijos, más allá de transmitirles los afectos.

lunes, 1 de marzo de 2010

COMO AFRONTAR LA IRA





Consejos para nuestros hijos...


¿Has perdido alguna vez los estribos? ¿Gritaste o sentiste ganas de golpear a alguien? Tal vez tu hermano pequeño entró en tu cuarto y echó mano a tus juguetes sin tu permiso. O quizás la maestra te mandó demasiados deberes o un amigo te pidió prestado tu videojuego favorito y lo rompió. ¡Eso te enfadó!
Todo el mundo se enfadaa. Tal vez tú pierdes los nervios o "explotas". La ira puede incluso ser algo bueno: cuando se trata injustamente a los niños, la ira puede ayudarles a defenderse. Lo difícil es saber qué hacer con esos fuertes sentimientos.


¿Qué es la ira?

Tenemos muchas emociones. Puedes sentirte feliz, triste o celoso. La ira es solo otro sentimiento. Es perfectamente natural enfadarse algunas veces; de hecho, es importante enfadarse a veces. Pero la ira debe liberarse de forma apropiada o te sentirás como una olla con agua hirviendo y la tapadera puesta. Si no dejas que salga el vapor, ¡el agua subirá y hará saltar la tapadera! Cuando eso pasa, no resulta divertido para nadie.

¿Qué te hace enfadar?


Hay muchas cosas que pueden provocar la ira en los niños. Puedes enfadarte cuando algo no sale como tú quieres. Tal vez te enfurezcas contigo mismo cuando no entiendes la tarea o cuando tu equipo pierde un partido importante. Puedes frustrarte cuando te resulta difícil alcanzar algún objetivo. Esa frustración puede provocar ira.
Esos niños que se burlan de ti o te insultan pueden hacerte enojar. O puedes enfadarte con tus padres si consideras que alguna de sus reglas es injusta. Lo peor de todo es cuando te echan la culpa por algo que no has hecho. Pero también es posible enojarse sin saber porqué.

¿Cómo sé si estoy enfadado?

Hay diferentes formas de sentir la ira. Normalmente, tu cuerpo te dirá cuándo estás enfadado. ¿Estás respirando más rápido? ¿Tienes la cara colorada? ¿Tus músculos están tensos y los puños fuertemente cerrados? ¿Sientes ganas de golpear a alguien o de romper algo? La ira puede hacer que grites a las personas que tienes a tu alrededor e, incluso, a las personas que te caen bien o quieres.
Algunas personas ocultan su ira en lo más profundo de su ser. Si haces eso, puede dolerte la cabeza o el estómago. Puede que, simplemente, te sientas mal contigo mismo y empieces a llorar. No es bueno esconder la ira, así que deberías encontrar una manera de liberarla sin herir a nadie (incluido tú).

¿Cómo puedo saber si otra persona está enfadada?

Cuando un conocido se enfada, puede alejarse bruscamente o dejar de hablarte. Puede guardar silencio y retraerse. Algunas personas gritan y tratan de golpear o lastimar a cualquier persona que esté cerca. Si una persona está tan furiosa, tienes que alejarte de ella lo antes posible.
Una vez que estás lejos de esa persona, párate a pensar. Trata de comprender qué le enfadó tanto. ¿Puedes hacer algo para arreglar la situación? ¿Cómo se siente la otra persona? Cuando la otra persona se haya calmado, trata de hablar del problema. Escucha lo que tenga que decirte.

¿Qué debo hacer si me enfado?


No pierdas el control. Desquitarse con los demás no resuelve nada. En cambio, reconoce que estás enfadado y trata de saber porqué. ¿Qué puedes hacer tú para evitar que la situación se repita? Si a tu hermana pequeña le dan un juguete y a ti no, no está bien romper ese juguete. Tal vez puedas pedirle que lo comparta contigo. O si tu tarea de ciencias es demasiado difícil, no hagas pedazos el cuaderno; pide a tus padres o a la maestra que te ayuden.
Es bueno hablar de tu ira con un adulto, como tus padres, un maestro o un pariente. Cuando hablas de tu ira, esos sentimientos negativos suelen empezar a desaparecer.

Destructores de ira

He aquí más cosas que puedes hacer cuando comiences a enfadarte:

• habla con un amigo de confianza;


• cuenta hasta 10;


• recibe o da un abrazo;


• zapatea;


• golpea una almohada porque a la almohada no le duele;


• haz un dibujo de tu ira;


• juega con tu videojuego;


• da cinco vueltas por la casa corriendo tan rápido como puedas;


• canta al unísono de la música del estéreo;


• quita la maleza del jardín;


• piensa en cosas buenas (unas vacaciones divertidas o tu deporte favorito);


• date una vuelta en bicicleta o vete a patinar.

Es imposible no enfadarse nunca. Más bien, recuerda que tu comportamiento cuando te enfadas puede hacer que la situación mejore o empeore. No dejes que la ira te controle. ¡Toma las riendas!