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sábado, 22 de septiembre de 2012

Jugar al aire libre mejora la imaginación del niño


Las actividades en espacios abiertos aportan beneficios físicos al niño y contribuyen a desarrollar su creatividad y sociabilidad

Los videojuegos, la falta de tiempo de los padres y la escasez de zonas verdes son factores que hacen que los niños pasen en la naturaleza menos tiempo del que necesitan. Sin embargo, desde que son recién nacidos, necesitan pasar tiempo al aire libre ya que los juegos en espacios abiertos estimulan la creatividad infantil. Los expertos consideran fundamental que los pequeños realicen actividades en espacios abiertos, y recomiendan que sea durante, al menos, una hora al día. Entre otras ventajas, el aire libre fomenta la autonomía del niño.

Muchos médicos destacan la importancia de que los niños pasen tiempo al aire libre, ya que, entre otras ventajas, impulsa la creatividad del niño, su autonomía y sus relaciones sociales. La vida moderna, sin embargo, parece conspirar en contra de esa necesidad: la escasez de parques y áreas abiertas en las ciudades, la falta de tiempo de los padres -que trabajan muchas horas al día-, así como el desarrollo de videojuegos cada vez más atractivos contribuyen a que los niños tiendan a pasar mucho tiempo en espacios cerrados. Estas actividades, además, suelen fomentar los hábitos sedentarios de los pequeños. Y eso es algo que se debe evitar.

Los juegos en espacios abiertos estimulan la creatividad infantil

El juego al aire libre proporciona beneficios al niño en el plano psicológico y mental del niño, aunque tal vez no sean siempre evidentes. Estas actividades exigen a los niños pensar de forma creativa, estimulan su curiosidad y les obliga a tomar decisiones y resolver dificultades a través de su imaginación.

En general, la casa, e incluso los espacios públicos destinados a juegos, como ludotecas o parques infantiles, están organizados. En la naturaleza, sin embargo, el niño se enfrenta a un espacio abierto, donde los límites para sus juegos y actividades los tiene que poner él mismo, con su creatividad e imaginación.

La naturaleza proporciona al niño, asimismo, la oportunidad de tener interacciones sociales de calidad con otros pequeños de su edad, o similar. Muchos niños, sobre todo los que no tienen hermanos, necesitan salir del entorno hogareño para vincularse con otros pares; y comenzar a tener contactos y relaciones con ellos.

Los recién nacidos necesitan pasear al aire libre

Los niños pueden disfrutar del aire libre casi desde que nacen. Un informe médico elaborado por la Comisión Paritaria de Pediatría del Área 10 del Hospital de Getafe, en Madrid, concluye que los recién nacidos pueden salir de paseo desde que llegan a casa, lo que "constituye un estímulo para el desarrollo del niño".

Este grupo de pediatras recomienda, no obstante, que en invierno las salidas con los neonatos sean durante "las horas soledas"; y con el bebé bien abrigado. Por el contrario, en verano los paseos deben realizarse durante las horas menos calurosas, y con el pequeño ligero de ropas.

Es importante que, además, el niño reciba la luz del sol. Su acción es necesaria para que su piel sintetice vitamina D, que hace, entre otras cosas, que sus huesos asimilen el calcio que precisan. No obstante, debemos tener algunas precauciones cuando se trata de exponer al sol a los pequeños: los bebés tienen la piel muy sensible, por lo que en verano no pueden recibir la incidencia directa de sus rayos de modo directo.

El aire libre fomenta la autonomía del niño

A medida que el niño crece, se debe tratar de que el niño desarrolle gusto por las actividades de ocio activo: estar en contacto con el aire libre y la naturaleza le permitirá experimentar con los cinco sentidos su relación con el mundo exterior.

Andar -o gatear- sobre el césped, sentir texturas diferentes, olores, temperaturas así como oír los distintos sonidos de la naturaleza, proporcionan al bebé un conocimiento del mundo que estimulará sus capacidades, percepciones e imaginación. De ese modo, el niño irá desarrollando sus propios juegos; y, por lo tanto, desarrollando su autonomía.

Jugar en espacios abiertos, al aire libre, proporciona, asimismo, a los niños la posibilidad de realizar ejercicio físico mientras que se divierten. Los niños tienen más espacio para moverse, andar y correr; y, como consecuencia, consumen más energía. Las actividades físicas al aire contribuyen a evitar el sobrepeso infantil, un problema que en España afecta a uno de cada cuatro niños.

La actividad física, asimismo, permite a los pequeños liberar endorfinas, por lo que les relaja y combate su ansiedad. Es decir, las actividades al aire libre ayudan a mejoraran el estado de ánimo de los niños. Además, hace que estén cansados y por la noche puedan dormir mejor.

El sedentarismo, un problema infantil global

El problema de la falta de actividad en los niños afecta a casi todo el mundo occidental. Un informe publicado en la revista 'Archives of Pediatric & Adolescent Medicine', en abril de 2012, destaca que en Estados Unidos, casi la mitad de los niños no realiza actividades con sus padres al aire libre de manera cotidiana. Los expertos, sin embargo, recomiendan que niños realicen al menos una hora de actividad física al día.

Lo importante, entonces, es poder combinar las actividades que se desarrollen en espacios interiores con actividades al aire libre, para que los niños puedan crear sus propios juegos, desarrollen su creatividad, fortalezcan sus vínculos sociales y, también, sean más saludables.

jueves, 8 de marzo de 2012

Cinco consejos para fomentar el ocio activo en los niños


Para evitar las consecuencias del sedentarismo en los pequeños, conviene planear con ellos salidas y actividades al aire libre

Un mal de la vida moderna: la tendencia al sedentarismo. El tiempo de ocio está pensado, cada vez más, para transcurrirlo sentados, sobre todo frente a una pantalla (el ordenador, el teléfono móvil, la tele, los videojuegos) y en lugares cerrados (la casa o los centros comerciales). A largo plazo, esto ocasiona problemas de salud, en particular relacionados con el sobrepeso, las malas posturas, el cansancio visual, etc. Así como los mayores sufrimos estas consecuencias, también pueden padecerlas los niños. Por eso, es conveniente tener en cuenta actividades que ellos -en especial, a partir de los 3 o 4 años- puedan realizar al aire libre e impliquen movimiento y gasto de energía. Y no solo en verano: también hay que tratar de aprovechar los momentos menos rigurosos del invierno. 

1. En bicicleta

Salir a andar en bici es una actividad que puede resultar muy estimulante para los niños. ¿Quién no recuerda de mayor sus primeras aventuras sobre dos ruedas, mientras se recorrían a toda velocidad (esa es la sensación que uno conserva) lugares inexplorados? Para ello, en la ciudad se pueden aprovechar los parques y los carriles bici y en los pueblos, cualquier camino poco transitado por coches. Conviene ir con ellos para guiar el recorrido o bien dejarles solos si es posible seguir el itinerario completo con la vista (si quieren dar la vuelta a un campo de deportes y volver al punto de partida, entre otros recorridos). Para los niños pequeños, si todavía no saben andar en bici, se puede utilizar el triciclo. Eso sí, para distancias más acotadas.

2. ¡A caminar!

Otra propuesta que puede resultar repleta de aventuras para los pequeños es dar un paseo por un entorno "poco urbano": la sierra o la montaña, una senda rural, el monte, etc. Para estos casos, siempre se puede proponer la caminata en plan juego: una salida a recolectar setas puede constituir una "búsqueda del tesoro" o un concurso para comprobar quién encuentra más o quién llena antes su cesta. Ascender un camino en la sierra puede establecer un récord, ya que está más alto que el paseo anterior; desde la cima se podría acceder a una panorámica de la ciudad y determinar desde allí "dónde está la casa" o "cuánto camino hemos andado". Por supuesto, estas actividades nunca deben ser agotadoras para ellos. Incluso se han diseñado "mochilas-silla" para que los padres puedan cargar a los más pequeños (o no tanto, pero que necesiten ayuda para continuar).

3. Un día de campo

No hace falta, desde luego, que sea un día entero: puede ser un rato, de mañana o de tarde, o una comida campestre. Tampoco es imprescindible salir de la ciudad, ya que los parques suponen una opción de alejarnos -al menos un poco- del ritmo cotidiano. Los niños están llenos de curiosidad y para ellos es adecuado interactuar con la naturaleza: descubrir pequeños animales, sentir el aroma de las plantas y las flores, el tacto suave del césped y el rugoso de los troncos de los árboles, o comprobar el frescor del aire en los espacios verdes. También se puede convertir en una buena manera de empezar a concienciarles de la importancia de convivir en armonía con el medio ambiente: enseñarles a respetar el entorno, cuidar a los animales y las plantas, recoger la basura y depositarla en los lugares indicados, etc.

4. Juegos, juegos y más juegos

Los espacios abiertos son el lugar idóneo para las decenas de juegos que un niño puede desarrollar, ya sea solo o acompañado de un adulto o de otros pequeños. Destacan los juegos clásicos, que nunca pasan de moda (como el escondite, el "tú la llevas" o "la peste", la rayuela...), los que exigen un poco más de arte y elaboración, y en algún caso ayuda de mayores (como los juegos que implican carreras de diversos tipos, bailes al compás de la música, hacer dibujos con tiza sobre el pavimento, etc.), u otros que ellos mismos se inventen. Para estos casos, en realidad, lo importante es acompañar a los pequeños hasta allí, participar en las actividades que nos propongan o tan solo estar cerca "por las dudas", ya que de la diversión se encargarán ellos. Seguro.

5. Parques de atracciones

El zoo y los demás parques de atracciones son también propuestas de la vida moderna actual, pero al menos representan actividad al aire libre y movimiento. Los puntos negativos se centran en el coste de las entradas y en que, en muchos casos, no permiten acceder con comidas y bebidas, por lo que la única posibilidad es consumir los productos que se venden allí. Más allá de todo eso, o de que a los adultos no les convenza la idea de ver animales enjaulados, estos parques permiten un día de acción y aventuras para los niños al aire libre y, a su manera, en contacto con la naturaleza.

Por lo demás, queda recalcar la importancia de que los niños gasten la energía que les sobra y pongan el cuerpo en acción. La televisión y los videojuegos no son perniciosos en sí mismos, ni es necesario prohibirlos, pero lo mejor es alternarlos con otras actividades. Para compararlo con la alimentación: una dieta equilibrada, que incluya las dosis justas de cada ingrediente.