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jueves, 22 de octubre de 2009
¿POR QUÉ LOS NIÑOS SE HACEN VIOLENTOS?
En la actualidad a varias sociedades del mundo les preocupan los niveles de violencia existentes entre niños y jóvenes. En algunas sociedades estas oleadas de preocupación parecen más responder a determinados ciclos que estar basadas en un incremento real de los casos. También hay una tendencia de los medios de comunicación a centrarse en acontecimientos dramáticos pero aislados más que en tendencias.
Imágenes y juguetes violentos
La preocupación sobre los niveles de violencia interpersonal en las sociedades occidentales ha llevado a centrarse en los efectos que las imágenes violentas que aparecen en los medios de comunicación: como la televisión, los vídeos o más recientemente en imágenes generadas por ordenador, pueden tener en los niños. La principal preocupación radica en que una exposición continuada de los niños a estas imágenes puede volverles insensibles a la violencia y animarles a imitar esos comportamientos violentos.
Una reciente investigación llevada a cabo en EE.UU., que analizó 188 estudios realizados durante el periodo 1957-1990, concluyó que: “En general, la mayor parte de los estudios, fuera cual fuera su metodología, mostraban que la exposición a la violencia en televisión provocaba un comportamiento cada vez más violento, tanto en el momento como con el paso del tiempo”.
Sin embargo, debería subrayarse que estos descubrimientos fueron rebatidos por otros académicos que señalan defectos en la investigación, un análisis inadecuado del contexto de la violencia en la televisión y las películas, y una falta de reconocimiento de que a menudo predominan los mensajes socialmente aceptables y la antiviolencia.
También existen estudios que, a través de entrevistas directas con niños, rebaten la idea de que los niños son particularmente vulnerables a los efectos de los medios de comunicación.
Además del Artículo 19, la Convención exige a los Estados en el Artículo 17 que promuevan “la elaboración de directrices apropiadas para proteger al niño contra toda información y material perjudicial para su bienestar, teniendo en cuenta las disposiciones de los artículos 13 y 18”. Las directrices deben ser desarrolladas de forma que se respete el derecho del niño a la libertad de expresión (Artículo 13), y la responsabilidad primordial de los padres en el crecimiento y desarrollo del niño (Artículo 18). El Artículo 17 subraya sobre todo la necesidad de fomentar el potencial pro-social de los medios de comunicación para el desarrollo del niño.
Las Directrices de las Naciones Unidas para la Prevención de la Delincuencia Juvenil subrayan también el “amplio papel social y la responsabilidad” de los medios de comunicación:
Los medios de comunicación en general, y la televisión y las películas en particular, deberían reducir el nivel de pornografía, drogas y violencia, y mostrar la cara negativa de la violencia y la explotación. Así como evitar presentaciones degradantes y humillantes, especialmente de niños, mujeres y relaciones interpersonales, y promover los principios de igualdad. (párrafo 43).
El desarrollo de la tecnología moderna, la televisión por cable o por satélite, las imágenes generadas por ordenador o Internet, dificultan en gran medida el control por parte de los Estados del contenido de los medios de comunicación disponibles para el público, incluidos los niños. He aquí la importancia del papel de los padres y otros educadores. Hay un claro acuerdo sobre la necesidad de concienciar tanto a los niños como a los padres y a otros educadores en el entendimiento crítico de los medios de comunicación modernos.
Aquellas personas involucradas en los medios de comunicación deben asegurarse de que actúan de forma responsable, y de que existe una indicación clara sobre el contenido de sus productos y los programas que realizan para que los padres puedan guiar y aconsejar de forma adecuada a sus hijos.
En aquellos países donde existe una elevada sensibilidad hacia la violencia, estas consideraciones han llevado a una combinación de una regulación estatal (códigos para los locutores y exigencia de una clara indicación en las emisiones del nivel de violencia de los programas y productos, clasificación de los vídeos según edad, retransmisión de programas para adultos a ciertas horas, sistemas de quejas y procedimientos para ejecutar la ley), junto a controles voluntarios por parte del sector privado, y educación respecto a los medios de comunicación en escuelas y para el público en general, incluidos, especialmente, los padres.
Los “juguetes agresivos” (definidos como juguetes cuyo propósito es estimular el comportamiento o la fantasía relacionados con el daño a otra persona) son igualmente motivo de preocupación: pueden contribuir a insensibilizar a los niños respecto a la violencia y pueden inhibir otro tipo de juegos menos violentos y más prosociales.
En Suecia se ha prohibido la fabricación de juguetes de guerra; en España y Alemania no se permite la publicidad relativa a este tipo de productos. Una resolución del Parlamento
Europeo de 1982 instó a los Estados Miembros a prohibir la publicidad visual y verbal de los juguetes de guerra, así como la fabricación y venta de réplicas de pistolas y rifles: La producción o venta de juguetes de guerra debería reducirse progresivamente, y reemplazar estos juguetes por aquellos que sean constructivos y que desarrollen la creatividad.
El debate sobre la importancia de la violencia en los medios de comunicación y los juguetes agresivos como factores en el desarrollo de actitudes y acciones violentas es importante, pero no debe desviar la atención de la cuestión de la violencia experimentada por los niños a manos de los adultos y sus importantes consecuencias sobre su desarrollo.
martes, 20 de octubre de 2009
LOS VIDEOJUEGOS VIOLENTOS
Este investigador y su equipo realizaron este estudio con 44 adolescentes de entre 13 y 17 años, escogidos al azar y que jamás han tenido problemas de comportamiento.
La mitad del grupo jugó por 30 minutos un videojuego sobre héroes en un combate militar muy violento, mientras que la otra mitad jugó uno no violento pero fascinante.
Al final de la sesión, los participantes realizaron pruebas para medir la concentración y la inhibición mientras sus cerebros eran observados con equipos que permiten analizar en tiempo real la actividad emocional del órgano.
El grupo que jugó con el videojuego violento mostró una mayor actividad en la amígdala cerebral, ligada a la excitación emocional. En cambio, los que jugaron el juego no violento mostraron una mayor estimulación en la parte prefrontal de su cerebro, vinculada a la concentración intelectual y al autocontrol, precisó Mathews.
El contenido violento de los videojuegos es objeto de intentos de regulación en el Congreso estadounidense que hasta ahora sólo ha podido obtener un sistema de clasificación similar al utilizado para las películas.
Después de los tiroteos ocurridos en Alemania en marzo de este año ciertos sectores de la sociedad está exigiendo una respuesta a qué causó que Tim Kretschmer, un joven sin historia criminal, decidiera matar a 16 personas (incluyéndose). Creen que los videojuegos algo tuvieron que ver, especialmente porque Tim había estado jugando Far Cry 2 la noche anterior al incidente.
En base a esto, los 16 ministros del interior de Alemania han acordado pedir al Bundestag (Cámara Baja del Parlamento alemán) una prohibición absoluta en la producción y distribución de videojuegos considerados violentos, lo que bajo su lógica ayudaría a disminuir los índices de violencia.Por otra parte, dos estudios muestran que las películas y los juegos de vídeo violentos hacen a las personas menos sensibles al sufrimiento del prójimo, según la edición de marzo de 2009 de la revista Psychological Science.
El artículo detalla las conclusiones de dos estudios conducidos por el profesor Brad Bushman, de la Universidad de Michigan (UM), y el profesor Craig Anderson, de la Universidad estatal de Iowa.
"Los estudios cubren una importante brecha de investigación en la literatura sobre el impacto de los medios violentos", indicó el artículo.En trabajos anteriores Bushman y Anderson demostraron que la exposición a la violencia en los medios causa una desensibilización psicológica, bajada del ritmo cardíaco y la conductancia en la piel, cuando poco después se presencian escenas de violencia real.
Las nuevas investigaciones muestran asimismo que la violencia en los medios también afecta la disposición para ayudar a una persona herida, tanto en un estudio de campo como en un experimento de laboratorio.
"Estos estudios muestran claramente que la exposición a la violencia en los medios puede reducir el comportamiento de ayuda", dijo Bushman, profesor de psicología y comunicaciones de la UM, y profesor investigador en el Instituto de Investigación Social (ISR por su sigla en inglés) de la UM. En uno de los estudios 320 estudiantes universitarios usaron para aproximadamente 20 minutos un juego de vídeo violento o no violento. Pocos minutos después escucharon una pelea escenificada en la cual la "víctima" sufrió un esguince de tobillo y gemía de dolor.
Las personas que habían jugado con un vídeo violento demoraron un promedio de 73 segundos para concurrir en ayuda de la víctima, mientras que quienes habían jugado con un vídeo no violento demoraron solo 16 segundos.
"Las personas que habían jugado con un vídeo violento asimismo mostraron menos probabilidades de darse cuenta y de informar sobre la pelea", indicó el artículo. "Y aún las que informaron del incidente opinaron que era menos grave que las personas que habían jugado con un vídeo no violento".
En el otro estudio participaron 162 adultos que fueron a ver películas. Los investigadores escenificaron una situación afuera del teatro, en la cual una joven con un tobillo vendado y muletas "accidentalmente" dejaba caer las muletas y hacía esfuerzos para recuperarlas.
Los investigadores midieron el tiempo que demoraban los espectadores de película para recoger las muletas. A la mitad de los espectadores se les tomó el tiempo antes de que entraran a la sala, a fin de determinar la disposición de ayuda de las personas que veían películas violentas y las que veían películas no violentas.
A la otra mitad del grupo se les tomó el tiempo después que vieron una película violenta o una película no violenta. Los participantes que acababan de ver una película violenta demoraron un 26 por ciento más en ayudar que las personas que entraban al teatro o las personas que terminaban de ver una película no violenta.
Fuente: LaFlecha
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