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martes, 9 de noviembre de 2010

EDUCAR EN EL RESPETO


Es la base de una convivencia pacífica

Una característica del ser humano es su sociabilidad, estamos obligados a convivir con otros. El respeto a los demás es la primera condición para establecer las bases de una convivencia pacífica auténtica.

Sin duda alguna, la palabra respeto es una de las más presentes en la vida escolar. Desde muy pequeños se nos dice que hay que respetar las cosas, los horarios, las normas, el entorno, a uno mismo y sobre todo, que hay que respetar a los demás. A veces damos por hecho que todo el mundo entiende lo que significa respetar, pero a juzgar por el comportamiento de muchos chicos y chicas (y también el de muchos adultos), no sería una pérdida de tiempo realizar algunas actividades específicas para reflexionar sobre qué actitudes y comportamientos son los más adecuados para construir una convivencia basada en el respeto.

El punto de partida es la dignidad de la persona.

El respeto comienza con la consideración del otro como alguien valioso en sí mismo y con los mismos derechos. Reconocer en los demás su dignidad como personas y no dejar espacio a las manifestaciones discriminatorias, supone el inicio de un largo camino cuya meta es la construcción de una sociedad más justa.

Es conveniente señalar que en ocasiones se confunde el respeto con otras actitudes que poco o nada tienen que ver con él:

EL RESPETO NO ES....

* Indiferencia, la indiferencia implica ausencia de sentimientos; no valora a la otra persona como igual, muchas veces ni siquiera valora al otro.

* Omisión, el respeto es activo, intenta construir desde la acogida, la aceptación y el diálogo, pero a veces nos escudamos en el “yo no puedo hacer nada”.

* Intimidación, porque con frecuencia se oculta el sentimiento de miedo con el de respeto, pero con la intimidación difícilmente se construye la paz.

Cualquier sociedad y grupo precisan de un conjunto de reglas. Sin embargo, una convivencia pacífica no se consigue sólo con el cumplimiento de dichas normas o leyes. El respeto requiere, par que sea auténtico, de unas condiciones que lo caracterizan e identifican:

* Ha de ser sincero, pues en su vivencia no cabe la hipocresía.

* Debe surgir libremente, un respeto impuesto acaba por rebelarse.

* Nace espontáneamente, sin la necesidad de grandes reflexiones teóricas.

* Busca el diálogo, pues la cerrazón y la sinrazón sólo conducen al conflicto.


La escuela y el entorno familiar, son un marco ideal para aprender este valor. Pero también pueden ser el lugar perfecto para que se den modelos de conducta que impidan el desarrollo del respeto y la tolerancia. Algunas de las actitudes que entrañan mayores dificultades en este sentido, y que es bueno detectar y corregir a tiempo, son: la envidia, el miedo, la inseguridad, la soberbia, la falta de autoestima, los autoritarismos. Superar estas actitudes y transformarlas en otras más positivas y solidarias no es tarea nada fácil…

viernes, 12 de junio de 2009

RESPETAR A LOS HIJOS



Esperamos que nuestros hijos nos traten con el respeto debido y que sepan respetar a los demás.

 Pero... ¿respetamos nosotros a nuestros hijos en la misma medida?

Aunque son pequeños y de corta edad, se sienten despreciados cuando les hablamos con altivez, humillados cuando les avergonzamos (a veces en público), y atropellados cuando les damos órdenes incomprensibles a sus ojos. Actuar así es la mejor manera de empezar a levantar barreras que dificultarán nuestro entendimiento con ellos. En cambio, si les tratamos con el mismo respeto que a cualquier persona, les ayudamos a sentirse tan importantes como los adultos, dignos de la misma consideración y favorecemos una comunicación fluida entre nosotros y ellos.

Respetar es tratar a alguien con la debida consideración.

El respeto que les tenemos a los hijos se manifiesta en la calidad del trato que les otorgamos y en la atención que ponemos en tratar de no invadir sin permiso sus espacios de autonomía

Las ventajas educativas de tratar a los hijos con el debido respeto son decisivas. Si nuestra relación con ellos no se basa en la consideración, se vuelve imposible llevar a cabo una acción educativa eficaz y la convivencia, a medida que se van haciendo mayores, resultará dificultosa.

Dos grandes razones justifican la necesidad de otorgar a los hijos un trato basado en el respeto:

• Los niños tienen sentimientos igual o más intensos que nosotros. A menudo nos olvidamos de ello y pensamos que no tener ni el poder ni la madurez de la edad adulta es sinónimo de no acusar lo que pasa alrededor de uno.

Cuando a un niño, en plena fiesta de cumpleaños de un amigo, su madre empezó a limpiarle los pantalones sacudiéndole con fuerza e increpándole furiosa: "¡Qué cochino eres! !Mira como te has puesto! ¡Siempre has de ser el más desastrado!" le estaba poniendo en evidencia delante de todos y los sentimientos de este niño serán de vergüenza y de odio hacia su madre.

- Cuando reciben un trato considerado, reaccionan con actitudes de colaboración. Pronunciar una frase amable para pedirles alguna cosa en vez de una orden autoritaria y cargada de reproches genera en ellos sentimientos de agradecimiento que les animan a identificarse y colaborar con la persona que no manda, sino que pide, recuerda, sugiere. No es magia: al igual que los adultos, los niños responden según los estímulos que reciben, se adaptan al trato recibido.

- Cuando reciben un trato desconsiderado o irrespetuoso, acaban por asumir conductas irrespetuosas, negativas e incluso agresivas. Al sentirse maltratado, el niño no puede por menos que sentir aversión hacia aquellos que le tratan mal, que no tienen en cuenta su dignidad. Y con esos sentimientos como cojín de su voluntad, es difícil que tenga ganas de seguir las indicaciones que ha recibido. Al contrario, es probable que por despecho, tenga ganas de desobedecer.

• Los niños aprenden a relacionarse y a comportarse por imitación y por contagio. Cuando son pequeños aprenden a hablar en el idioma que hablan los padres y, sólo mediante enseñanzas sistemáticas insistentes, consiguen aprender otros idiomas. Aprenden imitando las palabras que oyen. Pero al aprender a hablar no sólo adquieren esta habilidad, sino que adquieren con las palabras unos contenidos, unas actitudes, unas maneras de comunicarse.

Tan importante como las habilidades que adquieren son las ideas, actitudes y sentimientos que les  rodea y que también aprenderán por imitación y por contagio. Pensemos por un momento en lo que aprenderá un niño cuando reciba de sus padres un trato más delicado, respetuoso y considerado, cuando haya podido imitar a sus padres en su consideración, delicadeza y respeto, y cuando, las palabras que haya escuchado desde pequeño expresen ideas valiosas y sentimientos positivos...

Por el contrario, ¿qué forma de relacionarse y que valores tendrá un niño cuyos padres crearon en su casa un ambiente de falta de respeto, de autoritarismo, de desconsideración...

LECTURA INTERESANTE:

Ser padres con sensatez

Autor: Katharine C. Kersey
Editorial: Plaza & Janes Editores

Reseña:

La doctora Kersey -una respetada especialista en educación de la primera infancia y madre de familia- decidió volcar toda su experiencia en este libro, un manual práctico y ameno, fruto de la experiencia de toda una vida. El programa que plantea consta de 10 etapas ampliamente explicadas y ejemplificadas. "Ser padres con sensatez" es una completa guía para conseguir una relación amorosa y de respeto mutuo entre padres e hijos.

Nº páginas: 256
Colección: Divulgación
Tamaño: 22 x 15
Encuadernación: Rústica-tapa blanda
Idioma: Castellano


Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen

Autor: A. Faber y E. Mazlish
Editorial: Ediciones Medici

Reseña:

Es un libro que está teniendo amplia difusión por el interés de las temáticas tratadas. Escrito como un manual, ofrece constantemente ejemplos en positivo y en negativo de un mismo hecho. Su lectura es amena y ofrece ayuda real a los padres que necesiten cambiar, modificar o revisar hábitos de comportamiento con sus hijos.

Nº páginas: 242
Colección: Educación
Tamaño: 210 x 140
Encuadernación: Rústica-tapa blanda
Ilustrador: Kimberly Ann
Idioma: Castellano



Un adolescente en casa

Subtítulo: Consejos para disfrutar con la adolescencia de sus hijos
Autor: Joan Carles Suris
Editorial: DeBolsillo

Reseña:

¿Cuantas veces hemos oído hablar mal de los adolescentes? ¿Por qué siempre se tacha de conflictivos a los adolescentes? La adolescencia no es una enfermedad, sino una etapa de la vida en la que los niños dejan de ser niños, pero aún no son adultos. En algunos casos pueden existir problemas, pero no siempre. Este libro quiere, ante todo, transmitir esta idea.¿Cuantas veces hemos oído hablar mal de los adolescentes? ¿Por qué siempre se tacha de conflictivos a los adolescentes? La adolescencia no es una enfermedad, sino una etapa de la vida en la que los niños dejan de ser niños, pero aún no son adultos. En algunos casos pueden existir problemas, pero no siempre. Este libro quiere, ante todo, transmitir esta idea.¿Cuantas veces hemos oído hablar mal de los adolescentes? ¿Por qué siempre se tacha de conflictivos a los adolescentes La adolescencia no es una enfermedad ni un castigo para los padres, sino una etapa de la vida en que los niños dejar de ser tales sin llegar a ser adultos. Este libro ofrece los mejores consejos, métodos y sugerencias para llevarse lo mejor posible con los adolescentes..

Nº páginas: 192
Colección: Dinámica Psicología
Tamaño: 20 x 13
Encuadernación: Rústica-tapa blanda
Idioma: Castellano

jueves, 23 de abril de 2009

AUTORIDAD Y RESPETO


¿Qué ocurre cuando no existe autoridad en la familia?

Que los hijos se apoderan de ella. 
Sabemos que una autoridad bien entendida obtiene el respeto del niño y es la piedra angular para desarrollar personas equilibradas y felices. De eso se trata, de ayudar a crecer. ¿Cómo conseguir autoridad? Es importante tomar decisiones correctas y útiles para el niño día a día.

La palabra autoridad se deriva del verbo latino "augere", que quiere decir ayudar a crecer.

Es importante distinguir entre:

• "ser autoridad"

• "tener poder"

• "tener autoridad"

Una persona es autoridad por el cargo que ocupa. El director en la empresa, el alcalde en la ciudad, el profesor en la clase o el padre-madre en la familia son, por principio, la autoridad. Como consecuencia de ser autoridad tienen, a priori, un capital de prestigio y de reconocimiento que les permite tener autoridad.

En efecto, cuando nace un hijo todos los padres disponen del mismo capital de autoridad. En cambio, vemos a diario que, cuando un niño tiene sólo tres años, ya hay padres que han sido capaces de aumentar su autoridad y padres que han perdido gran parte del capital con que partieron. Para seguir teniendo autoridad es preciso ganarla día a día con decisiones:

• correctas

• justas

• y útiles

Por otro lado, el ser autoridad conlleva no sólo tener poder para mandar a otros, sino también una capacidad restrictiva. Es aquello de que quien manda, manda, aunque mande mal. Cuanta más autoridad tenemos como padres, menos hemos de ejercer el poder. Y al contrario, en la medida que nuestra autoridad disminuye, debemos imponer medidas coercitivas: castigos, gritos, enfados, etc.… que cada día han de ser mayores para que tengan efecto, deteriorando así la buena relación entre nosotros y nuestros hijos y, en consecuencia, la calidad de vida familiar.

¿Qué pasa cuando no hay autoridad en la familia?

Tenemos que partir de la base que la relación entre padres e hijos en edad de educar no es una relación de igualdad, sino jerarquizada. Un padre es un adulto al que se le supone una sabiduría que el hijo no tiene. Los niños, hasta la adolescencia, tienen una gran capacidad para aprender datos y conocimientos, pero no tienen sentido común para afrontar muchas situaciones de la vida diaria. Han de ser n los padres quienes pongamos los límites a su libertad individual para protegerlo físicamente, ya que puede, por ejemplo, cruzar la calle impulsivamente sin reparar en los coches que lo pueden herir o matar.

Igualmente debe ser un adulto quien le obligue en ocasiones a realizar una tarea que en principio no le apetece pero que a largo plazo supondrá un gran bien para él. Es el caso de muchos niños que tienen en un primer momento aversión a la natación, pero tras obligarles con firmeza y cariño aprenden a nadar y esta actividad acaba siendo una de las que más satisfacciones les produce.

Son los padres quienes han de tomar decisiones por él para evitar males mayores que afectan además a otras personas, como compañeros y profesores.

Cuando no hay autoridad, los hijo se convierte en autoridad, llegando a disponer y a usar la correspondiente cuota de poder inherente a ella. Nadie desea un jefe que no tenga ni sabiduría, ni sentido común, ni ningún sentido de la medida para ejercer su poder, porque estaremos soportando y sufriendo un tirano, un dictador, que es en lo que se convierte nuestro hijo cuando se da esta circunstancia.

En segundo lugar, si los hijo no encuentra "autoridad" en casa porque los padres la han perdido, la busca fuera de ella. Buscan líderes individuales que no siempre son positivos para ellos o se refugian en el grupo al que siguen y sirven  ciegamente, sin hacer caso a los esfuerzos de las personas que lo quieren bien.

Por último, muchos padres, cuando llegamos a esta situación, se sienten impotentes, piden ayuda a las Instituciones y a la escuela, y no sólo quieren que actúen por ellos, sino que además exigen resultados cuando a lo largo de los años no han sabido o querido vivir como un adulto con todas sus consecuencias.

¿Cómo tener autoridad?

El primer requisito para tener autoridad es, como ya se ha dicho, ejercerla día a día. Como cualquier actividad, si no se practica se pierde. Los padres han de tomar decisiones diarias que ayuden a sus hijo a respetar los límites naturales, que le ayuden a madurar como persona. La permisividad y el "dejar hacer" son enemigos de la autoridad que ayuda a crecer.

En segundo lugar es necesario huir del autoritarismo, consistente en el ejercicio del poder de modo injusto, inútil y cuando no se debe.

En tercer lugar, para tener autoridad es preciso tener prestigio. Una persona tiene prestigio cuando se le reconoce una habilidad o cualidad determinada. Un estudio de la Universidad de Navarra comprobó que el prestigio de los padres ante los hijos no depende ni del dinero que ganan, ni del coche que tienen, ni de la práctica de un deporte, ni tan siquiera del cargo que ocupan, sino que depende de tres factores fundamentales:

1. Del modo de ser de la persona: generosa, serena, optimista, humilde, generosa,...

2. Del modo de trabajar: el hijo exige de sus padres un trabajo de calidad y un comportamiento honrado en su actividad laboral.

3. Del modo de tratar a los demás: Tanto a la familia como a los amigos y compañeros, o a la sociedad en general.

Por último, no hay autoridad sin respeto fundamentado en la integridad, la sinceridad y la empatía con el prójimo, nunca en el miedo y en la imposición.