domingo, 7 de junio de 2009

El apoyo de la familia siempre es necesario. (Dislexia)


El principal apoyo de los niños disléxicos es siempre la familia. Es muy importante que se sientan queridos y entendidos por sus seres más cercanos y que estos no les reprochen su rendimiento escolar.

Según la Asociación Dislexia y Familia, "cuando empieza a aflorar el problema, se suele crear una relación muy tensa con la familia. El niño normalmente tiene malas calificaciones en la escuela y la palabra esfuerzo no es sinónimo de ningún resultado positivo. Estas presiones influyen negativamente en su relación con los demás y el niño empieza a pensar que es 'tonto', ya que a pesar de realizar un esfuerzo, es incapaz de aprender las enseñanzas más básicas como leer, escribir o las tablas de multiplicar. La familia y la escuela suelen etiquetarlo de vago y de no poner interés en lo que hace. En ese momento el niño pierde algo muy importante para su desarrollo: la autoestima".

Para Helena Alvarado, la autoestima se pierde incluso antes de llegar a la adolescencia. "De hecho, el 80% de los niños que llegan a la consulta tienen problemas de trastornos asociados. Hay niños con seis y ocho años que tienen rasgos depresivos. Si no se tratan estos síntomas, pueden desencadenar en un bloqueo del niño, que hace que niños de siete años digan que se quieren morir", asevera la psicóloga, para quien es necesario que los menores sean escuchados tanto por padres como por maestros para que todos comprendan qué es lo que les pasa y, por lo tanto, "puedan darles más rápidamente soluciones específicas".

Cuando el caso no está diagnosticado y quienes le rodean se muestran convencidos de que el niño es "mal estudiante", los padres suelen castigarles con la lectura obligatoria de libros y textos, lo que produce el efecto contrario que se desea en un principio, ya que obligar a un disléxico a leer es "como forzar a leer a un miope sin gafas y esperar que así se compense su alteración visual, esté contento y motivado por ello", ejemplifica Alvarado.

Por ello, la actitud de los padres es fundamental en el tratamiento de la dislexia. Es importante que acudan a un psicólogo para que determine la causa de la dificultad en el aprendizaje de su hijo y que se pongan cuanto antes medidas para superarla. No obstante, hay que tener en cuenta que comportamientos sobreprotectores hacia los hijos tampoco resultan positivos para éstos, ya que deben aprender a afrontar su problema. El papel más importante que tienen que cumplir los padres de niños disléxicos es el del apoyo emocional, que entiendan la naturaleza de su problema de aprendizaje y que hagan todo lo que puedan por ayudarlo.

"Muchas veces los padres que han tenido dificultades similares y que han padecido en la escuela son los que tienden a ejercer una presión mayor, consiguiendo un fin totalmente opuesto al pretendido. Conviene que admitan su preocupación y compartan con el niño los problemas que tuvieron. Esto hace que el niño se sienta aceptado", manifiesta Helena Alvarado, para recordar lo negativo que puede resultar también que los padres comparen al niño disléxico con sus hermanos u otros niños sin problemas.

sábado, 6 de junio de 2009

Dislexia


Se estima que afecta a uno de cada diez niños, muchos de ellos no diagnosticados que la padecerán durante toda la vida

Albert Einstein y Alexander Graham Bell tenían algo más en común que su amor a la ciencia y un nombre que empezaba por 'a': eran disléxicos. Un trastorno que compartían con otros personajes tan conocidos como Walt Disney, Thomas A. Edison y Leonardo da Vinci, y que afecta al 10% de la población. Los especialistas aseguran que la dislexia no se puede diagnosticar hasta que el niño tiene entre cinco y ocho años, pero advierten de que todavía hoy muchos casos pasan desapercibidos disfrazados como problemas de hiperactividad o fracaso escolar. Las dificultades a la hora de leer y escribir que presentan los disléxicos suponen una importante traba para el aprendizaje y se traducen en un sobreesfuerzo académico que no se ve reflejado en las calificaciones. Como consecuencia, el niño pierde la autoestima y es frecuente que la dislexia se asocie con problemas de depresión en los menores.

Cómo detectarla en el niño

La dislexia es una dificultad específica para aprender a leer y escribir. Su incidencia en la población se estima en un 10%, con un 4% de extremadamente disléxicos y un 6% de mediana o moderadamente disléxicos, y se trata de un trastorno que acompaña durante toda la vida a quien lo padece. Asegura José Ramón Gamo -logopeda, neuropsicólogo y director del Centro de Atención a la Diversidad (CADE)- que los niños disléxicos "tienen una capacidad intelectual media o por encima de la media", aunque reconoce que la dificultad en la comprensión de los escritos les acarrea un retraso de aprendizaje de dos años con respecto al resto de sus compañeros. "Por tanto, antes de los ocho años es imposible diagnosticar el problema. Éste es un aspecto fundamental porque se suelen cometer muchos errores en la detección de las dificultades lectoras en niños menores e identificarlas como dislexias", señala.

Para la psicóloga infanto-juvenil Helena Alvarado, la dislexia se puede detectar antes del acceso a la 'lectoescritura'. "De hecho -afirma-, a los cuatro o cinco años hay una serie de síntomas que pueden servir de indicadores de alarma para los padres". Estas señales son aquellas que están relacionadas con el nivel de comprensión y lenguaje del niño ya que, especifica Alvarado, "es habitual que a los cuatro años un niño hable con fluidez y tenga una capacidad lingüística que, en el caso de los niños disléxicos, no se produce". "Además -prosigue-, estos niños suelen tener problemas en el momento de memorizar canciones, problemas de ritmo, falta de concentración e, incluso, les cuesta hacer un puzzle por muy sencillo que sea".

El origen de la dislexia no está claro. Parece radicar en una alteración neurobiológica, una disfunción cerebral, que en más de la mitad de los casos es hereditaria y obliga, por lo tanto, a estudiar la historia de los progenitores antes de tratar a su hijo en la consulta del especialista. "Siempre hay que preguntar a los padres si hay alguna historia similar en un familiar cercano", ratifica Helena Alvarado. Por su parte, Mireia Golobardes y Elisenda Jardí, del centro Cedipte-psicologia, explican que "las dificultades de lectura en los niños están causadas por un déficit en el procesamiento perceptivo", mientras que "los problemas para aprender a leer están causados por una dificultad para adquirir y almacenar en el cerebro el recuerdo visual de las palabras y las letras". Precisamente, esta disfunción es la que dificulta la tarea de acceder a leer palabras, tanto las que son conocidas o muy frecuentes y se pueden reconocer por la ortografía (dislexia visual o dislexia ortográfica), como las palabras menos frecuentes pero que se leen traduciendo los sonidos de las letras que las componen (dislexia fonológica) o ambas (dislexias mixtas).

Todas estas características derivan en una serie de síntomas como son la dificultad en el reconocimiento de las palabras, su invención, omisión, confusión o inversión de algún sonido o letra, como la 'd' por la 'b', o la 'p' por la 'q'. Además, aunque no hay dos niños disléxicos iguales, según recuerda Alvarado, otras características que presentan son la falta de habilidad para recordar nombres; diferente manera de coger el lápiz, que presionan demasiado sobre el papel; dificultad para atarse los cordones, patinar o montar en bicicleta; mantienen mal el equilibrio; tienen mala memoria a corto plazo pero excelente a largo plazo; oído muy fino; dificultad para realizar operaciones matemáticas o aprender a manejar el reloj; mala orientación; sueño muy ligero o muy profundo; gran curiosidad y creatividad. Una multitud de detalles descritos aunque, subrayan desde la Asociación Dislexia y Familia (Disfam), "en la actualidad la dislexia continúa siendo la gran desconocida y no existe una legislación que ampare a los niños y niñas con dislexia en el marco educativo".

Dificultad en la escuela

A menudo, los niños disléxicos suelen tener problemas académicos derivados de la dificultad para el aprendizaje. Son niños inteligentes pero que necesitan que les enseñen de un modo diferente al tradicional. Por eso es habitual que obtengan bajas calificaciones en la escuela y que los padres o profesores piensen que se trata de un caso de fracaso escolar. La psicóloga Helena Alvarado advierte en este sentido que cuando un caso no se ha detectado a tiempo, las consecuencias se empiezan a ver en secundaria, etapa en la que se resaltan las dificultades que ya había en primaria, de manera que el sobreesfuerzo que realizan los niños es entonces mayor para rendir adecuadamente. "En cada clase de 40 niños podría haber un niño disléxico, y actualmente no se ha diagnosticado un disléxico en cada clase", continúa la psicóloga.

Por el contrario, cuando el caso está diagnosticado y el niño sabe por qué debe esforzarse más que el resto de sus compañeros, "este sobreesfuerzo no es tomado en consideración desde el momento en que acabamos normalizando la situación del alumno y olvidándonos de su dificultad", asegura Alvarado. "A un niño invidente no le daremos nunca un libro que no esté en braille, sin embargo, un niño disléxico debe recordar a más de un profesor qué es lo que padece y cuáles son las cosas que no puede hacer adecuadamente. Los cambios de curso, y más notoriamente los cambios de ciclo, se viven como un 'volver a empezar' y rememorar de nuevo las dudas y temores sobre sus dificultades, lo que aumenta el estrés y disminuye el rendimiento. La falta de comunicación entre profesionales de la educación y familia agrava esta situación", advierte.

En otras situaciones puede ocurrir lo contrario y que en lugar de realizar un sobreesfuerzo las personas con dislexia presenten falta de atención debida a la falta de motivación por no poder aprender al mismo ritmo que el resto. Las psicólogas Mireia Golobardes y Elisenda Jardí explican cómo esta desmotivación se puede confundir en el aula con comportamiento pasivo y/o de aburrimiento del niño. "Además -agregan-, el reforzamiento positivo y apoyo que reciben de los padres, profesores y otros compañeros puede influir en que se sienta inferior y tenga o no ganas de intentarlo y esforzarlo".

"Generalmente, cuando una persona sin dificultades de aprendizaje rememora su infancia escolar suele recordar momentos significativos, como representaciones teatrales, excursiones o viajes de estudios, los juegos y recreos, etc., todos ellos positivos en su mayoría y carentes de vivencias angustiosas. Sin embargo, los niños disléxicos manifiestan de manera espontánea vivencias negativas reiteradas por todos y argumentan con mucha seguridad que quien no vive el trastorno y la situación que comporta, no es capaz de comprenderlo en toda su magnitud", describe Helena Alvarado.

Este ambiente de descontento es creado en gran parte tanto por el profesor que desconoce lo que le ocurre al niño y no le presta la ayuda que necesita, como por los compañeros, que se burlan de él por sus bajas calificaciones. "Además, los profesores y el resto de niños no siempre comprenden comportamientos misteriosos en los alumnos con dificultades de lectura y escritura, como son el hecho de que el alumno parece tener días en que lee bien y días que lee mal. Por ejemplo, un día puede leer bien la palabra 'primavera' y otro leer 'princesa', o leer 'tarmiva' en lugar de 'tranvía'. Odian leer", matizan Golobardes y Jardí.

viernes, 5 de junio de 2009

Niños superdotados


La detección precoz es fundamental para responder a sus necesidades y evitar el fracaso escolar

Reconocer a un niño superdotado no siempre es fácil. Apenas un 2% de la población infantil iguala o supera el coeficiente intelectual para ser calificado como tal (130) y casi la mitad de los que lo consiguen se presentan como niños problemáticos con bajo rendimiento académico e, incluso, fracaso escolar. Y es que no detectar a tiempo la denominada sobredotación intelectual puede llevar al menor a aburrirse en el colegio por falta de motivación. Los afectados se quejan, además, de que el profesorado no cuenta con la preparación necesaria para identificarlos y reprochan a la Administración la falta de centros especializados y ayudas económicas para potenciar sus capacidades y recibir la educación especial que requieren.

Cómo identificarlos

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define a una persona superdotada como "aquella que cuenta con un coeficiente intelectual superior a 130". Una circunstancia que apenas se da en el 2% de la población y cuya detección a menudo resulta complicada.
Los tradicionales test de inteligencia son la mejor manera de identificar a un niño o adulto superdotado, pero no la única. Realizadas siempre por profesionales, estas pruebas deben completarse con la acreditación de otras cualidades como la creatividad artística o el razonamiento lógico de las situaciones.

"Tradicionalmente se ha asociado la superdotación sólo a altas puntuaciones en los test de inteligencia y a la obtención de resultados brillantes en la escuela. En la actualidad, la mayoría de los autores prefieren hablar de talentos múltiples, altas capacidades o talentos específicos en diversas áreas como la música o las matemáticas", explica el presidente de la Asociación Española de Superdotación y Altas Capacidades (AESAC), José Antonio Montes.

Por sexos, resulta llamativo que, mientras en edades tempranas aparecen niños y niñas superdotados en similar proporción, en la adolescencia la diferencia entre ambos grupos puede alcanzar hasta ocho puntos. Una circunstancia que, en muchos casos, los expertos achacan al interés de las chicas por ocultarlo para evitar así la presión que el entorno ejerce sobre ellas y que les hace valorar más la aceptación e integración social que la obtención de resultados académicos brillantes.

Entre otros indicios, a la hora de reconocer a un niño superdotado, se pueden tener en cuenta los siguientes:

• Gran curiosidad y creatividad.
• Rapidez de aprendizaje y excelente memoria.
• Intereses muy variados y búsqueda lógica del por qué de las cosas.
• Rechazo a la autoridad y gran independencia.
• Comprensión y lectura precoz.
• Persistencia.
• Capacidad de liderazgo y gran energía, con bajo nivel de cansancio.
• Alta autoestima académica, no personal.

Problemas

Desde muy jóvenes, las personas superdotadas desarrollan unas habilidades inusuales para su edad que deben servir de pista para los padres. Si se identifican a tiempo, los pequeños superdotados podrán potenciar sus aptitudes y desarrollarlas plenamente una vez alcanzada la edad adulta. En caso contrario, su desarrollo intelectual se verá frenado y, en casi el 50% de los casos, el fracaso escolar será el siguiente paso.

"Hay quien piensa que es mejor un diagnóstico lo más temprano posible, entre los dos y los tres años. Otros, en cambio, creen más acertado esperar hasta los cinco o los seis años, ya que a estas edades es más fácil distinguir las altas capacidades", precisa el presidente de AESAC.

De cualquier manera, la detección temprana resulta fundamental para ofrecer al niño el entorno educativo más conveniente y la atención que merece. En este sentido, desde la Asociación Española de niños Superdotados se hace hincapié en la necesidad de "diseñar, programar e impartir" actividades de formación permanente al profesorado no universitario, así como en la importancia de "promover actividades educativas, escolares, científicas y sociales con los padres".

Y es que unos y otros no siempre son capaces de detectar a un niño superdotado, ya que suelen asociarle con un alumno aplicado y de expediente académico brillante, mientras que, a menudo, acostumbrados a superar los primeros cursos sin esfuerzo y dominados por el aburrimiento que supone aprender a un ritmo más rápido que el del resto de compañeros, estos niños no desarrollan unos hábitos de estudio y no es raro que presenten bajo rendimiento escolar ante la falta de estimulación intelectual y nuevos retos.

A todo esto se añade el hecho de que suelen ser también niños problemáticos en la escuela, al rechazar la autoridad de los maestros y resultar demasiado inquietos y activos.

Lo que marca la Ley

No obstante, una vez detectadas las características especiales del niño, los inconvenientes pueden multiplicarse a la hora de aplicar la ley, puesto que la normativa actual supone, según los expertos, diversas trabas administrativas para los afectados.

"Aunque se contemplan adaptaciones curriculares y flexibilizaciones del periodo de escolarización, no siempre es fácil conseguir que en los colegios se apliquen estas medidas. Es curioso que existan colegios específicos dirigidos a otro tipo de alumnos, como los deportistas de alto rendimiento, y no aquellos centros que requieren los alumnos superdotados", lamenta Montes.

En concreto, la Ley de Calidad de la Educación (LOCE) recoge varios Decretos en los que se contemplan las adaptaciones curriculares y las flexibilizaciones del periodo de escolarización o, lo que es lo mismo, la aceleración de los periodos escolares. Esto significa que un alumno con sobredotación intelectual puede iniciar el la escolarización un año antes de lo establecido o saltarse algún curso.

En total, se puede acelerar hasta tres años en la escolaridad obligatoria y otro más en la post obligatoria, si bien, recuerda Montes, "todas las comunidades autónomas tienen competencias en materia de Educación, por lo que la legislación emitida por el Ministerio de Educación es posteriormente adaptada, produciendo grandes diferencias de unas comunidades a otras en cuanto al tratamiento y los medios que ponen a disposición de estos alumnos".

Respecto a las becas o ayudas económicas que reciben los interesados, en la actualidad, el Ministerio de Educación concede becas para "alumnos con necesidades educativas especiales" -dentro de este grupo se encuentran los superdotados- dirigidas a la realización de programas específicos aunque, según denuncia desde AESAC, "los criterios para optar a las mismas son lo suficientemente restrictivos como para hacerlas casi inexistentes".

Dónde acudir

Pese a que no existen centros especializados para tratar a estos niños, diversas asociaciones y gabinetes psicológicos se encargan de asesorar a padres e hijos y ofrecen las soluciones más adecuadas para cada caso. Es en estos lugares, precisamente, donde se realizan las pruebas pertinentes para verificar la peculiaridad del menor y se dan los primeros pasos en el correcto tratamiento del mismo.

En cualquier caso, ante la menor sospecha, siempre se puede acudir a los servicios de orientación con que cuentan la mayoría de los colegios o a los Departamentos de Educación de cada territorio o provincia.

Con esta intención abrió sus puertas hace varios años el Centro para Jóvenes con Talento-CTY España, una iniciativa para el desarrollo del talento en diversas áreas académicas con la que se pretende dar respuesta a una demanda cada vez más creciente por parte de la comunidad educativa y que está basada en el modelo de la Universidad de Johns Hopkins, en Baltimore (Estados Unidos).
Ubicado en Navarra, el CTY ofrece en horario extraescolar diversos programas semanales -en los que los niños profundizan en conocimientos informáticos, técnicas de laboratorio, matemáticas o escritura creativa, según sus gustos-, los sábados por la mañana o intensivos de verano, de tres semanas de duración y en los que se fomenta la convivencia con compañeros de similares intereses intelectuales.

"Pensar que el talento se desplegará por si mismo, sin una intervención adecuada, es equivocado. La identificación es un proceso útil que resulta imprescindible para aquellos alumnos que precisan de un nivel de reto y estímulo muy superior al ordinario. Pretender una educación igual, al mismo ritmo, para todos los alumnos es como intentar calzar a todos los niños de la misma edad con zapatos del mismo número", subraya un portavoz del centro.

jueves, 4 de junio de 2009

Clases particulares: sólo una ayuda coyuntural


Conviene entenderlas como una solución temporal, que concluirá una vez se obtengan los resultados deseados

Matemáticas, física, química e idiomas son las asignaturas "hueso" para los estudiantes de nuestro país y, por tanto, las más demandadas por las miles y miles de familias que recurren a las clases particulares para aumentar las posibilidades de que sus hijos logren una buena calificación o, al menos, un aprobado. Según el informe "Las actividades del alumno fuera del horario escolar" publicado por el Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (INCE), un 12% de los alumnos de ESO recibe la ayuda externa de un profesor particular, y un 20% acude a una academia para reforzar sus conocimientos. De hecho, el sector de la enseñanza particular en España factura cerca de 300 millones de euros anuales.

De cada diez alumnos de las etapas obligatorias, tres cuentan con el apoyo en las tareas escolares de padres, hermanos, de un profesor o academia. Según las estadísticas, en educación primaria son más los alumnos de la enseñanza privada que de la pública que buscan un refuerzo académico externo, pero en la educación secundaria obligatoria se invierte esta proporción. Otro estudio elaborado por la empresa Educa-System señala que de los cerca de dos millones de estudiantes que reciben apoyo fuera de la escuela, sólo 130.000 acuden a profesores específicamente preparados, mientras que 1,78 millones de escolares reciben ayuda de docentes no profesionales.

La elección del profesor particular
  •  Ante todo debe ser un profesional que aclare las dudas del niño en la comprensión del contenido de cada materia, y le enseñe a estudiar, a organizarse, a ser responsable y perseverante.
  •  Pida referencias del profesor. Infórmese si está capacitado para la asignatura o asignaturas que tenga que impartir.
  • Cerciórese de que se trata de una persona responsable, seria con su trabajo y puntual.
  • Si se decanta por una academia, infórmese de sus métodos, sus índices de éxito, la satisfacción de los estudiantes, la cantidad de alumnos en clase, etc.
  • Si el niño tiene menos de 12 años, lo ideal es que el profesor particular sea un maestro en lugar de un estudiante de alguna carrera. La ayuda que el maestro le puede ofrecer en cuanto a organización, diferentes técnicas de estudio, motivación será de mayor calidad debido a su formación.
  • Para los mayores de 12 años, con dificultades en determinadas áreas, es fundamental el conocimiento específico de la materia. Por ello, hay que buscar a alguien que domine el tema, y que además, sepa impartirlo de modo
Claves para que las clases de apoyo sean un éxito

  •  La decisión de tomar un profesor particular no puede surgir de un enfado pasajero por las notas del niño.

  •  Evalúe tranquilamente la conveniencia de un profesor particular para su hijo:

    a.-Si manifiesta un retraso notable en el aprendizaje de alguna materia.

    b.-Si tiene una dificultad especial para aprender y perfeccionar la lectura y escritura, debido a algún trastorno de aprendizaje como la dislexia.

    c.-Si observa actitudes negativas habituales hacia el estudio como la apatía, indisciplina, desorden en la realización del trabajo, etc.

    d.-Si presenta carencias de hábitos de trabajo o deficiencias importantes en el método de estudio.

    e.-Si estos problemas causan peleas en casa que desgastan la relación familiar y acaban con la paz del hogar.

    • El niño debe saber que ésta es una ayuda temporal, por un problema específico. No permita que se relaje en clase pensando que en casa se pondrá al día.

    • Para que los resultados sean los deseados es fundamental que el niño se sienta motivado y cómodo en las clases.

    • Mantenga una comunicación constante con el profesor para ir controlando los logros de su hijo.

    • Cuando las clases alcancen el objetivo deseado, vaya distanciándolas, hasta suprimirlas por completo.

miércoles, 3 de junio de 2009

Discalculia, la dislexia de los números


Se trata de una disfunción en el aprendizaje del cálculo que afecta significativamente al rendimiento escolar

Siempre que un niño o niña con capacidades intelectuales normales presenta una dificultad específica en el proceso de aprendizaje de las matemáticas se echa la culpa a la "dificultad que conlleva la materia" o simplemente a que "no se le danbien los números". Sin embargo, al igual que hay un trastorno del aprendizaje relacionado con la lectura denominado dislexia, pocos conocen que también se da un trastorno del aprendizaje que incide en el rendimiento de las capacidades de cálculo aritmético: la discalculia. Una disfunción que afecta a un porcentaje de la población infantil (entre el 3% y el 6%) similar a otras más conocidas como la dislexia o el déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y que, si no se trata a tiempo, puede arrastrar un importante retraso educativo.

La discalculia es una disfunción que afecta al proceso de aprendizaje del cálculo en niños con un cociente intelectual normal y que se traduce, en el caso del currículo académico, en un bajo rendimiento en matemáticas. Clínicamente hablando, la discalculia se produce por una menor maduración a nivel cerebral de las áreas relacionadas con el procesamiento numérico. Como apunta Josep M. Serra Grabulosa, Doctor en Psicología del Departamento de Psiquiatría y Psicobiología Clínica de la Universidad de Barcelona, el problema estriba en que "los estímulos que se dan en la escuela no son suficientes para acabar de madurar estas regiones cerebrales, por eso, el rendimiento de los niños con discalculia siempre está por debajo de lo normal".

La edad para detectar un problema de discalculia está entre los seis y ocho años, momento en que se introducen las matemáticas como materia independiente y se puede comparar el rendimiento de unos niños con otros. Pero ¿cómo se puede reconocer la discalculia? Antes que nada es importante distinguir entre un niño al que se le dan mal las matemáticas y otro que realmente tiene dificultades en el aprendizaje de éstas; la clave para diferenciarlo es que "el rendimiento en matemáticas de un niño con discalculia es significativamente inferior al del resto de los alumnos, siempre está dos o tres cursos por debajo del que debe tener", comenta Serra, además, en la mayoría de los casos, es un retraso que se evidencia únicamente en esta asignatura, ya que "en el resto de las áreas cognitivas su rendimiento se desarrolla dentro de la normalidad en relación a otros compañeros", añade.

Aunque no se puede generalizar, existen algunas pistas que pueden evidenciar un trastorno de discalculia, dificultades que puede tener el niño en una o varias áreas:

• Memoria: Problemas para recordar conceptos básicos de aritmética, tablas de multiplicar, significado de los símbolos y olvidarse de los pasos para resolver varios cálculos.

• Lenguaje Matemático: Dificultad para expresar procesos matemáticos, para interpretar los enunciados de los problemas o incomprensión de conceptos como posición, relaciones y tamaño.

• Habilidades visio-espaciales: Confusión en los signos aritméticos (el + por el x), inversiones numéricas (31 por 13), fallos en la seriación de números (1, 2, 4, 6, 7, 9...), colocar los números en posiciones incorrectas al realizar las operaciones o escritura incorrecta de los números.
Este trastorno del aprendizaje puede arrastrar un importante retraso educativo y puede afectar incluso a la vida diaria. Se pueden dar casos de adultos con discalculia que no puedan ni siquiera unas compras porque no son capaces de calcular si le han dado bien o no el cambio, o no saben cuantificar los precios de las cosas. Por otra parte, en los niños esta dificultad puede causar problemas de actitud; suelen estar a la defensiva porque están muy presionados por el rendimiento del resto de los compañeros, lo que crea una frustración y ansiedad en el niño que le puede llevar a la desmotivación o falta de interés, tal y como explica el psicólogo.

La buena noticia es que esta disfunción tiene solución. Para corregirla hay que reeducar al niño, como apunta Serra, "un niño con discalculia no significa que no puede aprender, sino que necesita recorrer un camino más largo que los demás. La reeducación ayuda a madurar mas rápido las zonas afectadas, consiguiendo que el nivel en el procesamiento matemático se acabe ajustando a la edad". Este camino no consiste en insistir en lo mismo que se ha hecho en clase una y otra vez, sino en enseñar al niño a aprender a manipular los números desde distintas perspectivas, huyendo de procedimientos memorísticos, en definitiva, una enseñanza más práctica del sentido numérico. Por ejemplo, en lugar de enseñar a un niño que 3x4 son 12, hay que lograr que sea consciente de que 12 se puede representar también como 12+0 o como 8+4.

martes, 2 de junio de 2009

LOS HABITOS


Creo que estaremos de acuerdo, que una de las cosas que más nos desespera de nosotros mismos, es que parecemos no tener fuerza de voluntad para cambiar nuestra forma de ser. Reconocemos que estamos mal en diversos aspectos, pero pasa un año y otro, y otro más, y seguimos siendo los mismos de siempre, en cuanto a defectos.

Un hábito es algo que no sabemos hacer, pero que, a base de repetición, aprendemos. Los hábitos siempre tienen connotaciones culturales; por ejemplo, un hábito es lavarse los dientes con un cepillo, comer la sopa con la cuchara o aprender a manejar una bicicleta o a deslizarse con esquís…

Durante el primer año de vida, los niños aprenden básicamente dos hábitos: comer y dormir.
Para poder conseguir las metas que deseamos en la vida, debemos de dotarnos de un bagaje de conocimientos, que día a día nos acerque a la consecución de nuestra meta.

Si nos levantamos apagados y de mar humor, debemos de coger el habito de alegrarnos, cada uno que piense en lo que desee, pero no hay que salir de casa sin una sonrisa en los labios. Tenemos que hacer de esto un hábito: sonreír a la vida para que la vida nos sonría.

El hábito de estudio es sin duda muy difícil de fomentar en nuestros hijos, sobre todo cuando interfiere a la hora de su programa favorito o desea salir a jugar con sus amigos o simplemente cuando no hay el menos interés en continuar estudiando, lo que para ellos es, esa tediosa materia.

La hora de hacer la tarea es un problema muy común en la mayoría de los hogares y no solo para los pequeños sino también para los hijos más grandes.

Es muy importante estudiar un rato después de la escuela, porque trae como beneficios:

  •  Se aprenden mucho mejor las lecciones vistas en la escuela, ese día.
  • Si quedó alguna duda sobre el tema visto, se puede preguntar al día siguiente y así tener un mejor aprendizaje.
  •  Es muy útil para la preparación de los exámenes, ya que no es lo mismo estudiar todo el material un día antes de la prueba, que solamente darle ya una repasada para asegurarse de que se sabe lo que se va a preguntar.
  • Si se dedica un poco de tiempo a las labores escolares, no solo le va a ayudar al estudiante a tener una mejor preparación si no que además todo ello se reflejará en sus buenas calificaciones.

Sin embargo, el tratar de fomentar ese hábito en los niños puede resultar muy difícil, porque primero el padre o la madre tienen que tener la disposición y el tiempo para fomentar ese hábito y luego porque el tratar de convencer al niño o adolescente puede llevar bastante tiempo, sobretodo cuando se da cuenta de que si con un mínimo esfuerzo puede obtener lo que el considera "buenas calificaciones".

Por lo tanto una alternativa que pueden tener los padres es utilizar la autoridad sin propasarse, se deben establecer reglas y límites en el hogar para que la convivencia familiar mejore y entre esas reglas debe estar el hacer la tarea de manera ordenada.

Las siguientes sugerencias, le podrán ayudar para establecer mejor, la rutina de hacer la tarea

Es ideal tener un horario para hacer la tarea: Este se puede establecer con los hijos, de común acuerdo, para que luego no haya pretextos de que tienen que ver determinado programa de televisión, o que tengan que salir con los amigos o a algún otro "impedimento".

Se debe tener un lugar adecuado para hacer la tarea: debe ser un lugar donde el niño pueda sentarse no acostarse cómodamente, con luz apropiada, no frente a la televisión o en algún lugar donde se distraiga fácilmente.

Los padres deben interesarse por la tarea diaria de sus hijos: Para que estos buenos hábitos se den, es muy importante que los padres les pregunten todos los días sobre la tarea que les dejaron; si no hubo ese día, pueden leer algún libro o revista que sea interesante para ellos, resolver problemas o adelantar algunos trabajos de tal forma que no se muevan los horarios de trabajo en la casa.

Hay que ayudar a resolver las dudas que el niño tenga: Puede pasar que el niño o adolescente no pudo hacer la tarea porque no entendió las explicaciones o tiene algunas dudas…

Hay que poner fecha a los trabajos especiales: Cuando un niño tiene que hacer un trabajo para entregar en una fecha concreta hay que enseñarle a organizarse y a programar el tiempo, así se le dedicará el tiempo necesario para realizarlo y le quedarán bien hechos.

Nunca es tarde para comenzar y si en nuestra casa aún no se han fomentado buenos hábitos escolares, estamos a tiempo de hacerlo, sobre todo cuando los hijos aún son pequeños; definitivamente al principio costará un poco de trabajo a todos, por lo que es esencial ser flexible, el horario para hacer la tarea, puede de vez en cuando modificarse por celebraciones especiales o inclusive por causas de otros deberes escolares.

lunes, 1 de junio de 2009

EL RESPETO


El Respeto es una de las bases sobre la cual se sustenta la ética y la moral en cualquier campo y en cualquier época. Tratar de explicar que es respeto, es por demás difícil, pero podemos ver donde se encuentra.

El respeto es aceptar y comprender tal y como son los demás, aceptar y comprender su forma de pensar aunque no sea igual que la nuestra, aunque según nosotros esta equivocado, pero quien puede asegurarlo por que para nosotros; esta bien los que están de acuerdo con nosotros, sino lo están; creemos que ellos están mal, en su forma de pensar, pero quien asegura que nosotros somos los portadores de la verdad, hay que aprender a Respetar y aceptar la forma de ser y pensar de los demás.

Pero no solo a las personas se les debe el respeto más profundo sino todo aquello que nos rodea, a las plantas y animales, a la pequeña hormiga y la gran ballena, a los ríos, lagos y mares. Todo como parte de la creación se lo merece.

Es aceptar y comprender al humilde y al engreído, al pobre y al rico, al sabio y al ignorante, es por pequeña o grande que sea, física, moral o intelectualmente situarla en el mismo lugar de comprensión y comprender su forma de ser pues se comprende que ese ser humano se merece toda tu atención, no importando su condición.

Podemos fortalecer el respeto

Aprende a escuchar.
Miremos con respeto a todas las personas que se cruzan en nuestro camino detengámonos unos segundos para saludarlas, mirémoslas a los ojos y deseémosle un buen día, o simplemente démosle las gracias con sentimiento. Deseémosle lo mejor desde el corazón.

Tomemos la decisión de aprender.
El que cree que ya lo sabe todo está estancado. El mundo cambia continuamente y nosotros con él, y cada persona o situación que se presentan en nuestra vida son oportunidades para aprender y crecer.

Colócate en los zapatos del otro.
Nadie hace cosas por fastidiar al otro; tú no sabes la situación difícil que otros pueden estar viviendo. De vez en cuando es necesario que trates de pensar y sentir como lo está haciendo la otra persona; es decir, desde su punto de vista. Extender nuestra comprensión hacia los demás, implica volvernos más compasivos.

No seas intransigente.
Que alguien tenga un defecto, que diga o haga cosas improcedentes no lo condena como persona, siempre podemos recapacitar o cambiar nuestra actitud o comportamiento. Por lo tanto, no rechaces, discrimines o maltrates a otros porque no hacen lo que tú deseas o esperas, ten más paciencia y comprensión.

Nadie es más ni menos que tú.
Sólo somos diferentes en lo personal. Llegamos a este mundo con limitaciones y condiciones más o menos difíciles para superar, resolver y de las cuales aprender, en eso radica todo. Acepta a los demás con sus defectos y cualidades sin juzgarlos con ligereza.

Enseña a tus hijos con el ejemplo.
Recuerda que es durante nuestra primera infancia, cuando comenzamos a incorporar los valores esenciales. En el proceso de enseñar a tu hijo como vivir, tu ejemplo es determinante. Eres tú quien enseña a tus hijos a través del respeto hacia ellos, de qué manera ellos te respetarán a ti y a otros. La próxima vez que vayas a entrar a su cuarto, toca la puerta antes de hacerlo; de esa manera, él tocará a tu puerta antes de entrar.

Cuando vivimos con respeto hacia los demás, nos volvemos más tolerantes, pacientes, comprensivos, cumplidores y responsables de nuestra participación en el mundo, y cuando nos volvemos respetuosos de nosotros mismos, establecemos límites con seguridad, nos valoramos más y confiamos en nuestra capacidad.
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